La Bocana: un rancho geoturístico

Este lugar es uno de los atractivos que ofrece Cataviña, que vale la pena visitar para admirar las maravillas naturales, históricas y culturales que tiene esta región. Recomiendo absolutamente esta experiencia y que apoyemos estos proyectos comunitarios

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CARLOS LAZCANO SAHAGÚN/COLABORACIÓN
Clazcano@elvigia.net | Ensenada, B. C.

Casi se siente uno en otro planeta. Rodeado de un paisaje lleno cactáceas, con cirios, biznagas y cardones, en un aislamiento que podría parecernos extremo. Así ha sido para mí el rancho de La Bocana, localizado a escasos 26 kilómetros de Cataviña. 

De hecho, considero a La Bocana parte de los atractivos que ofrece el rocoso paraje de Cataviña, un lugar increíble en medio de nuestra península, localizado a 375 kilómetros al sur de Ensenada.

En Cataviña contacté al inquieto joven Nathan Velazco Osorio, quien me mostró algunas de las maravillas naturales, históricas y culturales que rodean a esta región. En su vieja camioneta pick-up, nos lanzamos por un interesante camino de terracería que primero cruza entre los grandes bloques de granito blanco que rodean a Cataviña, para continuar por un paisaje árido, pero lleno de naturaleza intacta. 

Antes de salir del granito, Nathan me mostró uno de los cirios más altos que se han localizado; tiene 18 metros y destaca entre el paisaje rocoso lleno de cirios y cardones. Aunque este cirio es realmente alto, aún queda lejos del más alto que se ha registrado hasta hoy en todo el planeta. Se trata de uno que está por Villa Jesús María y tiene la increíble altura de 26 metros. Aquí los cardones igualmente alcanzan alturas notables.

LA CABAÑA DE LA BOCANA
Después de una hora de recorrido, por un camino realmente malo, subimos por una corta serranía y, casi en lo alto de una cumbre, llegamos a la cabaña de La Bocana. Durante el recorrido, cayó una fuerte tormenta; la terracería se volvió un arroyo y las aguas crecieron rápidamente. Más de dos horas duró la lluvia, algo inusual en estos parajes. 

Caía la tarde cuando llegamos. El sitio me encantó. La cabaña presentaba una vista muy bella de un entorno cubierto de cardones, cirios, ocotillos, pitayas, choyas, garambullos y muchas otras plantas típicas del desierto bajacaliforniano. Hacia el fondo se apreciaba un pequeño cañón formado por el arroyo de San Julio, con su cauce lleno de palmeras.

La cabaña era también un encanto, una comodidad en medio de un espacio agreste. Fue construida con el apoyo del Área Natural Protegida del Valle de los Cirios, siguiendo una serie de normas ambientales que la hacen muy especial, además de cómoda. Hecha con materiales de la región, con una orientación adecuada y tomando en cuenta todos los aspectos de conservación. Cuenta con un excelente mirador, cocina, baños, cuartos con literas, estancia y chimenea, además de una pequeña biblioteca con libros sobre la historia y la naturaleza de nuestra península.
Antes de que nos diéramos cuenta, Nathan ya estaba preparando la cena, que consistió en una machaca acompañada por ricas quesadillas. Encendimos la chimenea y de sobremesa estuvimos frente al fuego tomando una buena copa de vino. Cuando la noche cayó por completo, salimos para apreciar el Universo. 

El cielo resplandecía lleno de estrellas: identificamos a muchas de ellas, desde Sirio, Alfa Centauri, Venus, Mercurio, Saturno, la Polar, parte de la Vía Láctea y muchas más. De vez en cuando aparecía un meteorito que a toda velocidad cruzaba el horizonte para rápidamente desaparecer. Desde luego, aprovechamos para hacer alguna toma de este Universo que nos observaba. La fotografía nocturna tiene su encanto y requiere paciencia.

La mañana del día siguiente fue muy generosa y me obsequió con imágenes de gran belleza. Me levanté temprano, casi de noche y cuando el sol empezó a asomar, toda la humedad de la lluvia anterior su fue levantando a manera de neblina espesa, dando visiones fantasmagóricas de las cactáceas y los cirios. Fueron visiones fantásticas que se desarrollaron a lo largo de una hora. Los rayos del sol se filtraban entre la niebla y los brazos de los cardones. Eran imágenes increíbles y disfruté mucho esa caminata matutina en medio de esos fantasmas.

UN RANCHO ANTIGUO
Después del desayuno, Nathan nos guió a través de un sendero que ha ido construyendo con el tiempo. El sendero desciende hacia el arroyo, permite observar con detalle las cactáceas, además de que facilita la observación de aves y otras especies de fauna. En esta parte pudimos observar un par de halcones cola roja, así como un cenzontle, algunos canarios y un carpintero.

Llegamos hasta el pequeño valle, en medio de un cañón por donde corre el arroyo de San Julio, el cual llevaba algo de agua gracias a la lluvia del día anterior. Ahí observamos vestigios de un antiguo rancho, posiblemente del siglo XIX. 

Actualmente se desconoce quiénes habitaron dicho rancho y cuál era su nombre. Entre los vestigios destacan dos círculos hechos con piedras muy bien acomodadas, a ras del suelo. No se sabe muy bien en qué los utilizaban, pero al parecer eran para la separación de granos. También hay una cerca de piedra, así como algunos restos de una acequia.

Penetramos a una parte donde el arroyo se encañona, alzándose paredes de piedra a los lados. El sitio es hermoso. Hay una sucesión de grandes palmeras nativas y el agua, que brota en forma subterránea, forma varias pozas de buen tamaño, las que invitan a bañarse. En las pozas nadan felices varios patos y otras aves migratorias que llegan desde el norte para pasar el invierno. 

Con unos binoculares estuvimos identificando algunas de estas aves, así como otras que merodeaban entre los árboles de las orillas. Este sitio realmente me encantó, las pozas son de gran tamaño y están rodeadas por amplios tulares y otras plantas acuáticas.

FÓSILES Y ARTE RUPESTRE
Junto a estas pozas se encuentran dos sitios de arte rupestre. Se trata de pinturas que fueron hechas en la pared rocosa. Sus formas son totalmente abstractas hechas con un color rojo-ocre. Estas pinturas son bastante interesantes ya que representan las antiguas visiones de los grupos cochimí, los que habitaban esta región a la llegada de los misioneros. Vale la pena conocerlas, sobre todo porque se encuentran dentro de su entorno natural, perfectamente bien conservado. Estos antiguos indígenas poblaron este sitio debido a su abundancia de agua, lo que les permitió desarrollarse y establecerse aquí.

Después de las pozas, salimos del cañón y empezamos a subir por una ligera cuesta. Llegamos a los vestigios del siglo XIX, un antiguo panteón del cual sólo se ven unas cuantas tumbas; cúmulos de piedra que apenas se perciben, es el recuerdo de personas que aquí dieron su vida, en medio de esta soledad y de este desierto.

Seguimos caminando hasta subir a lo alto de una loma. De inmediato se percibe un cambio en el tipo de roca. De los estratos volcánicos en que veníamos, pasamos a una roca gris, más compacta y antigua. Mucho más antigua, unos 70 u 80 millones de años, originada en el cretácico. 

Esta roca se formó cuando existía otro mar en Baja California y esta tierra aún no era península. Aquí, como recuerdo esos tiempos olvidados, localizamos gran cantidad de fósiles de origen marino, sobre todo de turritelas, una especie de molusco cuya concha es alargada. Ciertamente emociona estar un sitio tan antiguo.

A un lado de estos fósiles, también había otros vestigios de los antiguos cochimí. Se trata de un taller lítico, es decir, era un sitio donde hacían herramientas de piedra como puntas de flecha, raspadores, cuchillos, hachas y otros tipos. Es un elemento más de la presencia de los cochimí en esta zona.

Después de estos encuentros, la vereda volvió a conducirnos hasta la cabaña. El recorrido duró alrededor de tres horas y fue muy agradable, ideal para dejar las tensiones de la ciudad. Sano ejercicio, no pesado, muy ilustrativo y educativo, durante el cual se aprende algo de nuestra historia regional y natural.

Esa noche, descansé totalmente. Hubo una rica cena, un buen vino y una agradable chimenea. Brindamos con un buen vino de nuestra tierra. 
Recomiendo absolutamente esta experiencia y que apoyemos proyectos comunitarios como el de La Bocana. 
 
Si usted desea contactarlos, comuníquese al teléfono (664) 231-35-06
busque la página web: geoturismolabocana.com

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