Fotografía de la cotidianidad

PALABRA | 

Por Sofía González*

95 millones es la cantidad de fotografías que se suben diariamente a Instagram y 300 millones en Facebook, según estadísticas de octubre 2017.

El ser humano ya no es más homos sapiens sino homo videns (como el libro que  nos presentan en la universidad para aquellos que estudiamos comunicación escrito por  Giovanni Sartori), la manera en cómo nos comunicamos ha cambiado a partir de la tecnología, ahora el texto se  convierte en  imagen.

Cuántos de nosotros no hemos recibido un mensaje que nos pregunta qué estamos haciendo y en vez de contestar con palabras tomamos una fotografía de la actividad o inactividad realizada, transformar el texto en imagen no quiere decir que las fotografías no se lean, pero eso corresponde a otro tema.

A partir de 1888 se comercializó la primera cámara portátil de rollo, estas tenían capacidad de hasta 100 fotos y una vez realizadas eran enviadas al fabricante para su revelado y recarga. En 1900 salió a la luz la cámara Brownie de Kodak, 1923 la cámara de cine de 16 milímetros Cine-Kodak y en 1932 la cámara de cine de 8 mm.

El día a día

Las cámaras digitales empezaron a producir en 1978 pero es hasta 1990 que inició la popularidad comercial y por ende también una nueva dimensión para captar lo cotidiano, lo que podemos definir como la toma de imágenes que hacen referencia hacia lo mundano, lo del día a día.

La fotografía se quedó por un lado, no significó que no era importante, sino que pasó a segundo plano. La función estética ya no se retrataba para mostrar grandes reportajes, eventos trascendentes sino algo tan común, como lo son nuestras vidas.

Salió la fotografía del estudio o de las guerras hacia la calle, al café del vecindario, a la taza de té, al atardecer o hacia los niños del parque.

Las cosas cotidianas pueden resultar algo tediosas después de un tiempo puesto que pensamos que ya lo hemos visto y ha sido observado de tal manera en que creemos conocerlo.

Las miles de fotografías que aparecerán en la linea de Facebook del mismo atardecer aborregado de la ciudad, siempre a la misma hora y quizá con la misma intención: capturar lo que para uno es bello y compartirlo.

La fotografía de lo cotidiano tiene un reto latente, cómo hacer que lo mismo se vea diferente, ¿de qué manera retratare esa banca, este libro o taza de café para que llame la atención?

Es quizá una de las preguntas que se hacen antes de lanzar el click, y si han prestado atención, podrán mostrarnos algo que siempre estuvo ahí, pero no habíamos visto.

Y es que de la misma manera en que nadie lee el mismo libro, nadie observa la misma fotografía, uno de mis fotógrafos favoritos de lo cotidiano es el francés Arnaud Montagard de 26 años.

Sobre su vida personal se sabe poco, sin embargo, despegó su trabajo en el año 2013 siendo el ganador de  “Portraits Flash Expo”,  en Francia su país natal, actualmente vive en Brooklyn, Nueva York. Pueden seguirlo en Instagram: @arnaudmontagard.

*Fotógrafa y Comunicóloga.

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