Interpol: el chiste sin remate

PALABRA | 

Por Juan Alberto Montes*

Siempre hay dos temas recurrentes cuando se aborda el tema Interpol:

  1. Su primer álbum, Turn on the Bright Lights (TOTBL), y
  2. Joy Division.

Si haces un rápido recorrido por las reseñas de sus álbumes en Internet y aplicas CNTL+F para buscar las frases enumeradas, me darás la razón. Esto por sí mismo es un indicador de que algo no anda bien con la banda.

Así que, para empezar, afrontemos los 2 elefantes en la habitación para poder revisar más cómodamente Marauder, la nueva producción de la banda neoyorkina.

  1. TOTBL.

Ninguna persona con autorrespeto se etiquetaría a sí misma como “gótica” después de 1985. A partir de ese año la estética “oscura” se sobresaturó gradualmente hasta llegar al punto del ridículo y el cliché.

La importancia de TOTBL es que retoma el gótico en el momento que dejó de ser cool y lo reinterpretó incidental pero consistentemente. Hicieron un clásico instantáneo en 2002 y todo lo que han sacado o saquen después será comparado con ese elevado estándar.

Con ese álbum, Interpol demostró que la verdadera sofisticación es la simpleza. El post-punk pasó un periodo de suspensión de 15 años que terminó con el acontecimiento llamado TOTBL.

Como mencionaron en alguna reseña de Pitchfork, TOTBL es como usar lentes oscuros en el bar. Hacerlo sólo tiene dos opciones: verte impresionante o ridículo. Para Interpol, la pose funcionó como traje a la medida.

Es un disco que envejeció bien, a diferencia de la banda que lo creó.

  1. Joy Division.

Joy Division representa la solemnidad aspiracional de Interpol. La primera es el contenido de la ornamentación (involuntaria, en apariencia) de la segunda.

Es paradójico, pero el actual culto masivo hacia Joy Division se debe en gran parte a que Interpol lo puso de nuevo en discusión hace 16 años. La diferencia es que el grupo de Ian Curtis sigue de moda y el de Paul Banks no.

La paradoja tiene un momento que parece una broma: cuando el bajista original de Interpol, Carlos Dengler, dejó la banda en 2010, abrieron una página en línea para recibir aplicaciones de los interesados en ocupar la vacante. Peter Hook, ex bajista de Joy Division, envió una solicitud –jugando, al parecer- y fue rechazado.

  1. Marauder.

Ser objetivo en el periodismo es imposible, a lo más que se puede aspirar es a objetivar un tema. Objetivar algo que se ama es un ejercicio espiritual que debemos practicar de vez en vez para variar.

Interpol, como The Killers, The Libertines y The Strokes no encuentran su lugar en la escena alternativa actual. Se esfuerzan demasiado y eso no ve ni se oye bien. De ser un ejemplo de lo cool, en tiempo record, se volvieron un modelo de lo anticuado.

En Marauder encontraremos los mismos punteos y rasgueos que pusieron de moda el rock revival en 2002.  Los ambientes opresivos, base rítmica y estructura lírica de siempre. Si eres capaz de oír evolución en Marauder, lo que sigue es que puedas ver a la virgen, porque encontrar un avance estético en esta banda es un acto de fe basado en amor y nostalgia.

Marauder es seguir entrando con gafas de sol y vestido de negro al bar, pero esta vez con 40 años. Ahora el lugar está lleno de chicas que se etiquetan como #goth cuando se ponen un vestido negro de Zara para salir los fines de semana.

¿Cuántos góticos se necesitan para poner un disco de Interpol? El chiste debe tener un final para poder reírnos.

*Ingeniero metafísico con especialidad en superficialidades.

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