Joseph Brodsky: Poesía en exilio

PALABRA | 

Por Lesli Mejía*

Joseph Brodsky fue un poeta ruso, naturalizado estadounidense, ganó el premio Nobel en 1987 por su obra la cual se caracteriza por ser desde la perspectiva de un sujeto en exilio.

Nacido en 1940, cuando Rusia todavía era la Unión Soviética, Brodsky sobrevivió al sitio de Leningrado, el cual fue una estrategia militar soviética en la que, para evitar la ocupación de los nazis, se colocaron barreras alrededor de la actual San Petesburgo, impidiendo la entrada o salida de cualquier individuo.

Como contraataque, los nazis asediaron la ciudad por casi tres años, causando que la población quedara aislada del mundo y que más de un millón de personas murieran de hambre y de frío. Brodsky y sus padres fueron de los pocos supervivientes, pero incluso después de la guerra, su vida en Rusia fue complicada debido a su ascendencia judía, por lo que su país siempre representó experiencias traumáticas.

Brodsky empezó a escribir poesía en su adolescencia. En 1954, el gobierno soviético acusó su obra de ser pornográfica y anti-soviética, y a él de ser un “parásito social”. Resalta que, durante el juicio, le preguntaron despectivamente que quién lo había enrolado a la clase de los poetas, y él contestó: “Nadie. ¿Quién me ha enrolado a la clase de la raza humana?”.

El poeta se convirtió en un símbolo de la resistencia al régimen totalitario soviético, así como en un mártir cultural. Muchos intelectuales y escritores, entre ellos Jean-Paul Sartré y Anna Akhmatova, quien era su mentora, abogaron en su favor.

Finalmente, tras varios años de dificultades y de amenazas de parte del gobierno soviético, Brodsky emigró a los Estados Unidos en 1972, para jamás regresar a su lugar de origen.

Letras inspiradas por el exilio 

La poesía de Brodsky está impregnada de una ideología post-exilio en la que se entreven sentimientos de nostalgia, tristeza, impotencia y frustración, así como dejes de ironía y nihilismo. Muchos de sus poemas tienen una atmósfera proverbial y de retrospectiva, así como un tono de sujeto marginado, extranjero, alejado de lo que describe y con una reforzada individualidad.

En “An Admonition”, por ejemplo,  Brodsky escribió: “Cuando te estremezcas ante cuán infinitesimalmente pequeño eres / recuerda: el espacio que parece no necesitar nada sí / anhela, en realidad, una perspectiva externa, / un criterio del vacío, de su profundidad y alcance. / Y sólo tú puedes hacer tal labor”.

Esa última aserción es esperanzadora, casi optimista, pero más bien resignada a asumir el papel de ser esa “perspectiva externa” que puede enriquecer el retrato del pasado.

Cuando le preguntaron qué significaba para él Estados Unidos, su nuevo país de residencia, Brodsky respondió: “una continuación de espacio”. Esto ilustra su ideología de escritor en exilio, forzado abandonar lo familiar e integrarse a lo ajeno, perdiendo así la noción de “pertenecer”, pero ganando una voz que bellamente evoca el todo, a partir de la nada.

*Estudiante de literatura Inglesa y escritora.

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