Misa Criolla

PALABRA | 

Por Marcela Danemann*

El pianista y compositor santafesino Ariel Ramírez (1921-2010) fue uno de los músicos populares de mayor trascendencia en Argentina y su gran producción artística es aún en nuestros días reconocida también en el exterior.  
En 1964 dirigió y participó en la grabación de su obra “Misa Criolla” y ese disco Philips de larga duración que inmediatamente alcanzara extraordinaria difusión y aceptación internacional, ofrecía además otro estreno – la “Navidad Nuestra” – con su música y textos del escritor e historiador Félix Luna.
En lo personal, es una de las obras populares que más me conmueve. La Misa Criolla plasma toda la secuencia y liturgia de la misa cantada, con algunas adaptaciones y acompañada por los ritmos folclóricos más auténticos y representativos de Argentina. 
Es una obra para solistas, coro y orquesta, ésta última caracterizada por instrumentos autóctonos de las diferentes regiones de Argentina y el altiplano de la región Noroeste, a los que se le suma el carácter del clave, característico de la música eclesiástica.
Con sus particulares cadencias, se van mezclando ritmos chispeantes con otras melodías y cadencias algo más trágicas. Ambas obras fueron editadas en Buenos Aires, en 1965, pero el estreno público de la Misa Criolla interpretada con el elenco original, recién se realizó el 12 de marzo de 1967, en la Rheinhalle, de Dusseldorf (Alemania). 

Una obra sin desperdicios
En numerosas oportunidades y entrevistado por medios de comunicación de todo el mundo, Ariel Ramírez siempre compartió cuál fue el origen, el punto de inspiración para haber escrito esa obra publicada y que supo tener sala llena en los cinco continentes. 
Durante su estadía en Alemania, Ariel Ramírez conoció en un convento cercano a Frankfurt a dos monjas cocineras, Elizabeth y Regina Brückner, que a pesar de no hablar muy bien el español pudieron entablar una relación cotidiana con el músico y no tardaron en compartirle su historia. 
Convencidas con su vocación de servicio brindaron ayuda a prisioneros judíos entregándoles clandestinamente víveres en el campo de concentración que funcionaba cerca del convento, donde familias enteras veían pasar los días hasta su destino final. 
Aun pudiendo ser ellas mismas condenadas a muerte por aquel acto solidario, día tras día hacían su entrega hasta que llegó el momento en el que los prisioneros fueron trasladados.
En su viaje de regreso, Ariel Ramírez comenzó a madurar la realización de esta obra, que si bien parte de la liturgia ha tenido el poder de amalgamar voces, sentimientos, músicos e intérpretes de raíces populares y clásicas en una misa cantada con rasgos totalmente extraídos del folclor sudamericano. Ya sea interpretada por un coro de la India, recreada en el Vaticano u ofrecida en la Catedral de Denver para público hispanoamericano la Misa Criolla suele ser una obra de concierto obligada y elegida por elencos de todo el mundo especialmente para la época navideña. 
De más está decir que para quien no ha escuchado esta obra la sugerencia es saborearla en su versión original de 1964, con la impecable participación como solistas del legendario grupo Los Fronterizos, Jaime Torres (charango), Domingo Cura (percusión), el acordeón de Raúl Barboza, Luis Amaya (guitarra), el Coro de la Basílica del Socorro y Ariel Ramírez en piano y dirección. Una obra sin desperdicios.

*Promotora, gestora cultural y redactora independiente para medios gráficos y digitales.
marceladanemann@yahoo.com
 

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