martes, 21 de noviembre de 2017
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Las TICs y la economía circular Muchos productos están diseñados para no durar mucho, pues a los fabricantes les conviene poner otros nuevos en el mercado para seguir vendiendo, pero esto puede traer algunas consecuencias indeseables

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En Agbogbloshie, Ghana, se encuentra uno de los mayores vertederos de desechos tecnológicos del mundo.

En Agbogbloshie, Ghana, se encuentra uno de los mayores vertederos de desechos tecnológicos del mundo.

J. Antonio García Macías/COLABORACIÓN*
jagm@cicese.mx | Ensenada, B. C.

Los abuelos suelen decir que “las cosas de antes duraban más”... y quizás haya algo de razón en esto. Muchos productos están diseñados para no durar mucho, pues a los fabricantes les conviene poner otros nuevos en el mercado para seguir vendiendo. Pero esto puede traer algunas consecuencias indeseables.

Obsolescencia programada
El primer producto documentado en el cual se programó o planificó su obsolescencia fue el foco o bombilla eléctrica.

Cuando Thomas Alva Edison fabricó su primera bombilla, ésta tenía una duración de unas 2 mil 500 horas. Sin embargo, el 23 de diciembre de 1924 se reunieron en Ginebra, Suiza, un grupo de fabricantes con el fin controlar la producción de bombillas de Europa, EU y algunos países de Asia.

Este control incluía reducir el tiempo de vida de las bombillas a mil 200 horas, para que el consumidor se viera obligado a comprarlas con regularidad.

Para el año siguiente su duración fue de mil horas, y así continuó hasta entrado el siguiente siglo.

En 1928 la revista Printer’s Ink, dirigida al sector publicitario, publicó un artículo donde se leía: “Un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios”.

Atrás quedaba el concepto de hacer cosas perdurables, pues resulta más rentable hacer productos que duren poco y con ello seguir vendiendo más. Por supuesto, la industria de las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) no es para nada ajena a este concepto; de hecho, hasta se podría decir que es una industria muy activa gracias a que sigue al pie de la letra el concepto.

Computadoras, teléfonos celulares, reproductoras de video, cámaras, etcétera, todas diseñadas para durar unos pocos años y ser reemplazadas por el nuevo modelo. Si no se reemplazan por obsolescencia programada, será por la obsolescencia percibida.

Círculo vicioso
El incorporar una pronta caducidad en el diseño de los productos trae como consecuencia dinamizar la actividad económica.

Esto fue precisamente uno de los motivos por los que se impulsó el concepto durante el periodo denominado como la gran depresión en los Estados Unidos.

Entonces, el “comprar, usar, tirar, volver a comprar” se convirtió en una especie de mantra de la sociedad de consumo. Que si bien ayuda a inyectar dinamismo en la actividad económica, no es un modelo sostenible, y además provoca severos daños al medio ambiente.

En un reportaje reciente del portal Motherboard, se muestra como en Agbogbloshie, Ghana, se encuentra uno de los mayores vertederos de desechos tecnológicos del mundo.

A ese lugar llegan anualmente unas 129 mil toneladas de residuos procedentes principalmente de Estados Unidos y Europa, aunque también de otras partes del mundo.

Lo peor del asunto es que Agbogbloshie es sólo uno de los sitios donde hay este tipo de vertederos. En general, las naciones ricas se encargan de enviar sus desechos a naciones pobres situadas sobre todo en África y Asia.

Economía circular
Tirar aparatos en buen estado, enviarlos en barco a países lejanos para ser desarmados, y luego usar materiales de allí para fabricar otros aparatos que regresaran de nuevo en barco, no parece un modelo económico muy eficiente.

Este tipo de reflexiones se están formulando en particular en Europa, donde se lleva la delantera en un modelo que se ha denominado como Economía Circular.

La idea básica es que al dejar de usar un aparato se reutilicen sus partes en la mayor medida posible. Es decir, pasar de un modelo de “fabricar, usar, tirar” a uno de “fabricar, usar, reutilizar”. De hecho a la ecuación le han sumado el “reparar”, en la medida de lo posible.

El Parlamento Europeo ya tiene bajo análisis una iniciativa a la que se deberá dar respuesta antes de julio de 2018, la con la cual se busca impulsar la economía circular.

Ante ello, en países como Finlandia ya han trazado planes de ruta, en los cuales se incluye el apoyo a la creación de nuevas empresas que busquen soluciones para los residuos generados.

En cuanto a la investigación, la Universidad de Aalto tiene ya un proyecto orientado a reciclar materiales como el litio, cobalto, níquel y varios otros que están presentes en los aparatos que normalmente se desechan y se va a los vertederos.

Mari Lundström es una profesora de dicha universidad, y explica que un teléfono celular típico contiene hasta 40 elementos reciclables, de los cuales sólo se utilizan normalmente unos 10.

La lógica detrás de estos proyectos es que resulta más barato reutilizar los materiales que ya están en el lugar, que importar dichos materiales de fuentes lejanas.

A final de cuentas es un asunto de economías, pero a la vez se contribuye a no contaminar tanto el medio ambiente. En cierta forma se trata de imitar a la naturaleza, donde no se da el concepto de residuo.

Así, se dividen los componentes de los productos en dos grupos: biológicos y técnicos. En el primero están los que son biodegradables y por tanto pueden reintegrarse a la naturaleza. El segundo grupo lo conforman los componentes que pueden ser reutilizados.

A pesar de los esfuerzos gubernamentales para impulsar las economías circulares y de la investigación que se lleva a cabo en la actualidad, poco se logrará sin la colaboración de los ciudadanos.

Ya es posible reciclar el aluminio de una lata de refresco, por ejemplo. Pero si esa lata fue metida con otra basura en una bolsa de plástico para luego ser quemada, se necesitará utilizar hasta 20 veces más energía para recuperar el metal.

La diferencia la marcamos cada uno de nosotros, al cambiar nuestros hábitos y nuestra manera de consumir.

*El colaborador es investigador en el Departamento de Ciencias de la Computación del Cicese.

La economía circular es la intersección de los aspectos ambientales y económicos. El sistema lineal de la economía actual (extracción, fabricación, utilización y eliminación) ha alcanzado sus límites. Se empieza a vislumbrar, en efecto, el agotamiento de una serie de recursos naturales y de los combustibles fósiles.

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