jueves, 17 de agosto de 2017
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El camino de la mujer en la ciencia

Aunque todos los humanos tienen el mismo deseo por aprender y responder a las preguntas que plantea el Universo, el sexo femenino no siempre ha tenido las mismas oportunidades para explorar el mundo de las ciencias

El camino de la mujer en la ciencia

Rosalind Franklin, Emmy Noether y Ada Lovelace fueorn muejers que desfiaron a las costumbres de su época al perseguir un lugar en la ciencia.

Florencia Ornelas Félix/COLABORACIÓN*
Ensenada, B. C.

A lo largo de la historia, tanto hombres como mujeres han observado a las estrellas, buscado debajo de las rocas y observado a través de microscopios en busca de respuestas a los misterios del universo.
Y aunque tanto hombres como mujeres tienen el mismo deseo por aprender y dar respuesta a todas esas preguntas, la mujer no siempre ha tenido las mismas oportunidades para explorar el mundo de las ciencias. De acuerdo al Instituto de estadística de la Unesco, en la actualidad las mujeres constituyen sólo un 28 por ciento de los investigadores existentes en el mundo.
Desde tiempos remotos, las restricciones para que las mujeres fueran a la universidad eran totalmente normales; ni siquiera tenían permitido publicar artículos científicos debido a que "el lugar de la mujer era en el hogar”.
Poco a poco, debido al interés que muchas mostraban por aprender y sobre todo a la gran persistencia, en 1833, el Oberlin College en Ohio, Estados Unidos, decidió admitir mujeres, convirtiéndose en la primera universidad en América en dar ese importante paso.
Sin embargo, a pesar de que comenzaron a tener más presencia en el aula, las restricciones a las mujeres seguían presentes. No tenían un lugar digno en el cual desarrollar sus investigaciones, y algunas se veían obligadas a trabajar en sótanos o en condiciones muy peligrosas. Tampoco contaban con recursos para financiar sus investigaciones, y mucho menos obtenían reconocimiento por sus logros y descubrimientos; muchas veces lograban publicar con un pseudónimo o pidiéndole a sus colegas hombres que los publicaran con su nombre. En el caso de Marie Curie, manejó peligrosos elementos radioactivos en un pequeño sótano o Cecilia Payne-Gaposchkin, quien después de hacer uno de los descubrimientos más importantes de la historia de la astronomía no obtuvo el debido reconocimiento, y por décadas su género la limitó a "asistente técnico” al no poder obtener un título académico.

Antes y ahora
Cuando se piensa en ciencia, los primeros nombres que vienen a la mente son Leonardo DaVinci, Albert Einstein, Isaac Newton o Galileo Galilei; sin embargo, muchas mujeres han contribuido a la ciencia de manera significativa, y lamentablemente nunca obtuvieron el reconocimiento que merecían.
Y es que gracias a los descubrimientos de Rosalind Franklin en el área de la biología, pudo clasificarse la estructura del doble hélice del ADN, vital para la comprensión de la vida.
O Emmy Noether, brillante matemática de origen alemán quien hizo importantes contribuciones en el desarrollo del álgebra y la física fundamental. Nació en una época en la cual en su país no estaba permitido que las mujeres acudieran a la universidad, pero aún así, ella asisitía y se sentaba a escuchar las clases bajo la condición de la escuela de no recibir ningún crédito académico. Finalmente, después de dos años de persistencia fue admitida como estudiante.
De igual forma, la matemática y escritora británica Ada Lovelace, quien fue  considerada como la primera programadora de computadoras, debió lidiar con las críticas de una sociedad que consideraba que su lugar no era en la ciencia, sino en el hogar cuidando a su familia.
Hoy se creería que la situación ha cambiado, pero la realidad es que en pleno 2017, en países como Irán no está permitido que las mujeres tomen sus propias decisiones, y necesitan de una autorización formal de su padre o esposo para estudiar, trabajar o viajar.
Es alarmante también que en Pakistán no se permita la asistencia de mujeres a la escuela, o que en Afganistán una mujer gane un 82 por ciento menos que un hombre, según datos del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.
Además, no tienen derecho sobre las tierras o las propiedades. El 83 por ciento no tiene acceso a la educación y el 80 por ciento de mujeres y niñas son forzadas a casarse, de acuerdo con datos publicados por la organización IRIN.

Capacidad y talento, no género
Así pues, el camino de la ciencia ha estado lleno de obstáculos para la mujer, desde los propios de la actividad hasta los que resultaron de los estereotipos y prejuicios sociales.
Disfrazarse de hombres y escribir bajo pseudónimo, utilizar el nombre del esposo para firmar sus obras, o dejar que su trabajo terminara siendo atribuido a alguien más, son sólo algunas de las situaciones a las que se han enfrentado a lo largo de la historia.
Aún queda un largo camino por recorrer en materia de igualdad de género, pero sin duda, gracias a todas aquellas mujeres que lucharon por defender sus ideas, la situación poco a poco mejora y sobre todo a quienes hoy día con día, con sus aportaciones han demostrado que hacer ciencia, tecnología e innovación es cuestión de capacidad y talento, no de género.

*La colaboradora es alumna de la Licenciatura en Negocios Internacionales en Cetys Universidad, Campus Ensenada.


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