jueves, 18 de enero de 2018
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LA COMEDIA POLÍTICA

Mis peores deseos para 2018

Por Dan T.

Agencia Reforma/Ciudad de México

Si sientes que eso de empezar el año en martes está del carajo, imagínate cómo se siente de confundido Enrique Peña Nieto, pues el domingo era 2017, el lunes fue 2018 y ha de pensar que el martes ya es 2019.

¿Ya hiciste tu lista de propósitos de año nuevo? ¿No? Yo tampoco, porque he comprobado que para lo único que sirven es para recordarme lo inconstante que soy en todo. No hay nada peor que revisar mi lista de propósitos en febrero y descubrir que ya los abandoné todos. No, no, para recordarme que soy un desastre no necesito una lista, con mi ex esposa me basta y sobra.

Es por eso que tampoco le ando enviando buenos deseos a la gente. No sé a ti, pero este fin de año revisaba mi feis durante la cena (así de divertida estuvo) y veía las bendiciones, parabienes y buenos deseos que todo el mundo se mandaba y. me daban ganas de darme de baja de Facebook. No entiendo que tiene el aire de diciembre que hace que la gente se ponga tonta y cursi. Y ridícula. Una cosa que comprobé en estos días, por ejemplo, es que las madres tienen una idea muy poco realista de cómo son sus hijos. Los ven guapos, aunque estén más feos que un coche por abajo. Suben videos de ellos presumiendo lo graciosos que son, sin pensar que, en realidad, lo único que están haciendo es asegurarles la vergüenza eterna cuando sean mayores. ¿Te imaginas que a ti y a mí nos hubiera tocado que nuestros padres pudieran poner a disposición del mundo los videos con nuestras gracias? Estoy seguro de que ya me habría suicidado cortándome las venas con unas galletas saladas para que me ardiera más.

Pero los peores son los que se ponen a hablarle al año: “2017 qué bueno que te vas porque fuiste muy duro conmigo”; “te doy la bienvenida 2018, te espero con los brazos abiertos”. ¡Que no mamen! Ni que fueran sus profesores de matemáticas: “¡Qué pruebas tan duras me pusiste 2017! Me alegro que te vayas”.

Por eso insisto, en esta columna nada de rollos sobre buenos deseos y listas de propósitos.

Espero que en este nuevo año te empeñes en ser feliz con la misma necedad con la que Andrés Manuel quiere llegar a Los Pinos.

Que no te falten nunca motivos para brindar, nomás no te pongas como Felipe Calderón.

Que cada día te rías a carcajadas como si estuvieras escuchando al presidente tratando de explicar cómo se preparan los chiles en nogada.

También deseo de todo corazón que te tomes la vida tan a la ligera como se tomó Jaime “El Bronco” Rodríguez la labor de gobernador de Nuevo León.

No olvides que tú también mereces abundancia como Karime Macías, la esposa de Javier Duarte, pero de amor y cariño, no de órdenes de aprehensión y de mentadas por parte de todos los mexicanos.

Ojalá que tu autoestima sea tan elevada como la del panista Ricardo Anaya que se siente la última cerveza del estado, envuelta en una carpetita bordada a mano con hilo de oro.

Que cuando tu jefe ande buscando con quién desquitarse, que tengas la misma capacidad de José Antonio Meade para que convertirte en la persona más gris del mundo, que nadie te note y, así, que no te estén jodiendo.

Y, si no es mucha molestia, espero que en este año te escapes de la tristeza como El Chapo se escapa de una cárcel de máxima seguridad; pero lo que más deseo es que en 2018 no escuches una sola canción de Arjona.

Bueno, ya vámonos a trabajar, ¿no?
 

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