miércoles, 19 de septiembre de 2018
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Baúl de manías

Se necesita un genio…

Por Ma. Cristina Álvarez-Astorga

… para reconocer a otro (dice el dicho). Para Beethoven, Bach era “el dios inmortal de la armonía”. Para Wagner era “el milagro más estupendo en toda la historia de la música”. Bach era (y es) todo eso (y probablemente más). Sin embargo, tal vez ello se deba, en parte, a algo exterior y extemporáneo a él: piénsese que sólo comenzó a ser reconocido 70 años después de su muerte, gracias a la perseverancia de admiradores de la talla de Félix Mendelssohn, por sólo citar uno. Mendelssohn era muy famoso, como pianista, como director de orquesta y como compositor de más de 250 obras, aunque solo un puñado de éstas son tan famosas hoy en día como él lo fue en su época. Pero, aunque su maravillosa Sinfonía italiana no estuviera entre mis obras para llevar a la isla desierta, tendría que reconocer el buen gusto (y el tesón) que demostró al rescatar a Bach de un olvido de casi tres cuartos de siglo.

La música de Bach puede ser intelectualmente compleja, rematadamente misteriosa y profundamente conmovedora. Tal vez no hay música con mayor profundidad emocional que la de Bach. ¿Y quién influenció a Bach? Varios (Vivaldi, entre ellos)… Y también Buxtehude. Tanto así que un día Bach les pidió permiso a sus patrones para ir a estudiar con él (quien, además de compositor, era virtuoso del órgano). Cuando fue a conocerlo, se quedó con él cuatro veces más tiempo del autorizado. Cuando regresó, los patrones estaban fúricos. Aprovecharon para quejarse de que Bach era “voluntarioso y terco”, de que había ido a la bodega de los vinos durante un sermón y de que se había liado en un combate con espadas con un estudiante al que acusó de “tocar el fagot como una cabra”…

Hacia el final de su vida, Bach comenzó a “combinar” diversas etapas de su carrera musical en su Misa en si menor, que contiene música escrita entre 1714 y 1749. La ironía es que nunca la tocó completa. Esa misa es un resumen y una antología de su música coral, que abarca una inmensa gama de estilos disponibles, desde el gregoriano y renacentista, hasta el operístico y moderno. Una de las cosas que hacen a la misa en si menor algo que puede llegar a ser adictivo son los constantes motivos de baile que aparecen y hacen que la pieza entera se incendie: el Gloria es uno, el Insurrectio es otro, el Et expecto es el tercero… Pero quizás el más vivaz e irresistible sea el Cum sancto spiritu. En él parece que emplea las mejores melodías del mundo secular. Toma algo de la música teatral, algo de la música ceremonial, hasta de la música militar, pero a todas las dota de un ritmo de baile adicional… el ritmo triple (como de vals) tal y como se había oído en la corte de Luis XIV y en la corte de los príncipes y potentados alemanes de su época. Lo más genial es que lo usa y lo pone al servicio de dios, lo usa para alabar al dios cristiano con un virtuosismo tan increíble y un ritmo tan irresistible que (es un cliché, pero hay que decirlo) las trompetas parecen estar imitando a los mismos ángeles y hay ese sentimiento de alegría, energía, y vivacidad que… la hace absolutamente irresistible. Y usted puede checarlo en este link, con una orquesta y un coro… coreanos, bajo la dirección de Chai Hoon Cha: https://bit.ly/2Nzd0gT.

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