viernes, 21 de septiembre de 2018
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LA CARROCA

Dos notas

Por Soraya Valencia Mayoral*

Los ignacianos, por nacimiento o por adopción como una servidora, disgregados a lo largo del país, hemos seguido con interés el acontecimiento que ha sacado del sopor del calor y del olvido a nuestro pequeño pueblo sureño.

El 3 de este mes inició el rodaje de una película y sus rincones se han transformado en sets cinematográficos. Previamente el equipo de producción reconstruyó la casa de Don Manuel Meza y Doña Blanca Ibarra que el tiempo, el clima y el abandono arruinaron y como bajo el efecto de un conjuro mágico todo cobró vida de nuevo. Blanca Ibarra, mi tía y prima hermana de mi papá, hasta donde entiendo tuvo bajo su cuidado a José María, uno de los hijos de la primera esposa de mi tío Manuel -próspero comerciante- quien había enviudado y quedado a cargo de sus hijitos. Así que la familia de mi tía nació ya crecida. José María estudió medicina en CDMX donde reside hasta la fecha. De su matrimonio nacieron 3 hijos, uno de ellos, también José María, tomó el apellido de su madre para su nombre artístico. Pues sí, José María Yazpik, -el hijo del Chema, como dicen-, anda en San Ignacio, la tierra de los ancestros, dirigiendo su ópera prima, Polvo, entre el polvo del desierto y de los recuerdos. Diga usted si tienen razón para estar contentos los ignacianos. Llegó gente nueva, pintaron las paredes, contrataron lugareños, los días son diferentes. Por unas semanas el viejo pueblo ha de vivir una experiencia que se traducirá en muchas historias, de ésas que se cuentan y recuentan en la sobremesa, los corrillos y a los niños. José María Yazpik, usted sabe, tiene una larga carrera como actor de televisión, teatro y cine. En 2006 obtuvo un Ariel por la mejor co actuación masculina (Las vueltas del citrillo). Ha trabajado bajo la dirección de Almodóvar y Jorge Fons entre otros y compartido créditos con famosos del séptimo arte como Charlize Theron.

Hacía falta compartir una nota agradable. Porque las últimas Carrocas se han ocupado de temas nada divertidos pero de los que hay que hablar. Cada día surge algo, en las redes sociales se leen manifestaciones de respaldo al Papa Francisco pero también abundan las que exigen su dimisión alegando que ha encubierto y protegido abusadores -léase homosexuales, según los neo fariseos- y demás señalamientos terribles. Como dije antes, hay un sector del alto clero que se envuelve en la bandera de la purificación, la ortodoxia y las antiguas tradiciones (o lo que entienden por tal) para atacar y debilitar al Papa y desalentar a los fieles para que clamemos al cielo que todo tiempo pasado fue mejor. Son los defensores del más rancio clericalismo, los acusadores que, en buen lenguaje cristiano significa el chamuco mismo. Por cierto, usted sabe que la Iglesia tiene una forma muy fina y delicada para referirse a las realidades que duelen. Clericalismo es lo mismo que anti laico y por supuesto, anti mujer. Vale.

*La autora es mujer de letras sacras y profanas

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