jueves, 18 de enero de 2018
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DÍA DEL SEÑOR

Fiesta de la Sagrada Familia Ciclo “B”

Por Padre Carlos Poma Henestrosa

“Y cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y robusteciéndose, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios lo acompañaba”. (Lc 2, 22-40)

El Evangelio de hoy, nos traslada repentinamente de la cueva de Belén al Templo de Jerusalén, cuarenta días después del Nacimiento del Niño Jesús. En este marco de las fiestas navideñas, donde damos tanta importancia a los encuentros familiares, el evangelio nos invita a fijarnos en el portal de Belén, en Jesús, María y José, que forman una familia.

Que mejor momento para celebrar este día, la fiesta de la Sagrada Familia, por lo tanto, hoy podemos mirar en este modelo de familia para revisar y vivir también las nuestras. Tu familia, ¿se parece a la familia de Nazaret? La Palabra de Dios nos ayudara a responder esta pregunta.

Hay actitudes en la Sagrada Familia que nos pueden servir de espejo para mirarnos. Nadie duda de las virtudes de María: generosa, paciente, amorosa, humilde, sencilla, prudente, alegre. Ni de las de José: justo, paciente, trabajador, responsable, honrado, cariñoso, constante, fiel. Ni de las del Niño Jesús: obediente, respetuoso, alegre, responsable, servicial. Pero sobre todo los tres tenían una gran fe en Dios y una disponibilidad muy grande para colaborar con Él en sus planes. De hecho, si nos fijamos en el evangelio de hoy, nos daremos cuenta de las veces que José escucha el mensaje del ángel de parte de Dios y se pone en camino, cumpliendo lo que Dios le pide. José está disponible a la Palabra de Dios: “levántate”. Y se repite en dos ocasiones: para huir a Egipto y para volver a Nazaret.

A veces pensamos que por ser la familia de Jesús y ser “sagrada” todo les fue bien y no pasaron ninguna necesidad, como pasa en las nuestras. Pues no fue así. Desde el primer momento tuvieron que hacer frente a grandes adversidades, como por ejemplo, el rechazo, no ser acogidos, estar amenazados, tener que huir a un país extranjero, convertirse en emigrantes forzosos (porque a nadie le gusta tener que irse de su tierra), vivir lejos de su hogar, de sus amigos y familiares, y al volver a Nazaret, no sabían hasta cuándo.

En algún momento la familia pierde a José, el padre, el cabeza de familia, María y Jesús se las tienen que arreglar para salir adelante. Y lo hacen. ¿Qué les mantenía unidos? ¿Qué les sustentaba y les daba fuerzas? La confianza en un Dios al que sentían cercano. ¿Cómo es nuestra confianza en Dios? ¿La vivimos en nuestras familias?

Que la familia de Nazaret, la “sagrada familia” nos ayude a amarnos más en nuestras familias de sangre y en esta familia de la fe que formamos los cristianos. En esta fiesta de la Sagrada Familia, nosotros debemos pedir a Dios por todas las familias cristianas, para que hagan del amor el soporte y el vínculo de su unidad familiar. Sólo así las familias cristianas podrán ser, con todas sus limitaciones, familias sagradas, como lo fue la Familia Sagrada de Nazaret.

Cuando tenemos problemas físicos, psicológicos, económicos, sociales, al final siempre queda y, en muchos casos, sólo queda, la familia. La familia es siempre la primera que nos ayuda, nos comprende, nos defiende, nos corrige, nos anima, nos ama. Demos gracias a Dios por la existencia de la familia.

Que la Sagrada Familia, los acompañe, proteja y bendiga siempre.

cpomah@yahoo.com
 

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