jueves, 20 de septiembre de 2018
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LA MARAÑA CÓSMICA

Recuperar nuestro principal patrimonio cultural

Por Rolando Ísita Tornell*

Culminó exitosamente el sábado pasado la Noche de las Ciencias, justo una semana después de otro magno evento que fue el Festival del Conocimiento

Decía yo en mi colaboración anterior que entre las finalidades de las instituciones de ciencia, educación superior y culturales de Ensenada, y del estado de Baja California, para realizar estas actividades es impulsar en la sociedad una “cultura científica”.

El concepto cultura ya es de por sí gelatinoso, cuanti más científica, todavía más laberíntica. ¿Cómo concebir la cultura científica? Solemos escuchar que tal persona soez, vulgar, desaliñada “es un inculto”, contrario a una persona con doctorados en el extranjero que es “muy culta”, aunque sean políticos que han dejado a su país en la miseria y violencia.

Saber resolver ecuaciones, citar nombres de escritores, pintores, poetas, recitar las fechas de sucesos históricos universales, preparar tacos, atender una caja en el banco, tener títulos y grados no hace a una persona más o menos culta. De acuerdo con antropólogos, sociólogos, comunicólogos que han abordado el tema, cultura es todo aquello que hacemos, pensamos y actuamos los humanos para sobrevivir; todo lo que hace nuestro ser como especie que no es biológico, es cultura.

Si reflexionamos que con el equipamiento que tenemos como humanos en nuestros cuerpos frente a otras especies, particularmente nuestros depredadores, hace miles de años que nos habríamos extinguido. Sin embargo, aquí seguimos. ¿Cómo le hicimos?

Con nuestra exclusiva y poderosa herramienta, el cerebro, detectamos patrones, esquemas en los fenómenos de la naturaleza. Aprendimos la regla número uno: la naturaleza tiene reglas. Mientras más certero fue nuestro entendimiento de ella enfrentamos mejor sus retos y avanzamos hacia la civilización. De lo que podríamos concluir: sin ciencia no habría cultura, ya nos habríamos extinguido.

El problema es que a lo largo de millones de años fuimos dejando que unos cuantos se encargaran de ver, observar, entender a la naturaleza, de modificarla, de usar esos conocimientos para crear objetos y artilugios imitándola, mientras el resto nos instalamos cómodamente en sus resultados y aplicaciones que extienden nuestra esperanza de vida, protegen nuestra salud, facilitan nuestra movilidad y mejoran los alimentos y su acceso a ellos.

El resultado es que hemos dependido de la ciencia, sobrevivimos por ella, estamos rodeados y dependemos cotidianamente de sus resultados ¡pero no lo tenemos en la conciencia ni la valoramos como se merece!, como el patrimonio más preciado de la humanidad.

Eso es lo que se pretende impulsar con los festivales y noches de ciencia, recuperar nuestro principal patrimonio cultural: la ciencia.

* Comunicación de la Ciencia UNAM-Ensenada

rista@dgdc.unam.mx
 

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