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Ensenada, B.C.
Sigamos con el turismo, porque es muy interesante siempre comentar algo de lo que es la famosa “industria sin chimeneas”. Pero antes quiero agradecer sinceramente a todas las personas que se toman la molestia de leer esta modesta columna, como por ejemplo al señor Tomás Lucero Z., quien me refrescó la memoria, y a todos los demás que me han favorecido con su amable atención. A todos ellos ¡muchas gracias!
En el anterior número de El Vigía hablábamos de la calle Primera -ahora Avenida López Mateos-.
Les decía de los lugares que existían a mediados del siglo pasado, por ejemplo, entre la Avenida Ruiz y Gastélum se encontraba la Cooperativa Pesquera, donde un buen amigo de su servidor, como es Don José Luis Castro Verduzco, fue presidente y también diputado federal. Todo un señor enamorado de la industria pesquera.
Sigamos con la narración de negocios turísticos. Frente al hotel Bahía se encontraba “La Estancia”, del profesor Mancillas; en la otra esquina existía una gasolinera propiedad de los Lencioni, que después pasó a los empleados que formaron una cooperativa. Y junto a esta gasolinera estaba el motel El Cid, y enseguida el Rey Sol, de Doña Pepita Geoffrey, la fundadora de este famoso restaurante. Y frente a estos negocios se encontraba el “Villa Marina”, de Don Miguel Esroj.
Más adelante la “Casa del Sol” y junto el “Hotel Cortez”, propiedad de Don Guillermo Corral, y en las esquinas de esta calle se encontraban el Santa Isabel, que todavía existe, y el Santa María.
Creo que el más famoso de estos hoteles era el Bahía, por ser uno de los más nuevos y donde se reunía la mejor sociedad de Ensenada, propiedad de Don Carlos Tavárez, quien también tenía una tienda de importaciones.
El gerente de todos estos negocios, propiedad de Don Carlos, era el dinámico señor Raúl Ramírez Funcke, quien después fue presidente municipal de Ensenada en los años ochenta.
El Bahía era tan codiciado y famoso, que se daba el lujo de tener reservaciones para sus habitaciones con un año de anticipación; su primer gerente de reservaciones fue la experimentada señora Lolin Rincón, quien había sido gerente del famoso Hotel del Prado de la Ciudad de México, que se encontraba de moda, porque ahí se hospedaron célebres personajes como el rey de reyes, como le decían a Ahilé Sellasie, emperador de una nación del Medio Oriente. Pues Lolin vino directamente de ese hotel.
El Hotel Bahía presentaba una variedad todas la noches a base de música y bailables mexicanos, de los cuales el director coreográfico era Roberto Molina. Había turistas que llegaban a Ensenada sólo para realizar tres cosas: ver la variedad del Bahía, ir de pesca deportiva y hacer sus compras de souvenirs. ¡Fantástico!
Esto era cierto, pues aquí se hospedaron muchos artistas de Hollywood, como Víctor Mature, Lauren Bacall, Gregory Peck, John Houston, Jack Palance y muchos otros.
De todos los hoteles de Ensenada hacían reservaciones para ver la variedad folclórica, pero la variedad no nada más era para el turismo, no qué va, también era para el pueblo, que a través de las ventanas veían este espectáculo diariamente. Seguimos.
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