domingo, 17 de diciembre de 2017
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Misión de Santa Gertrudis: los inicios de una gran región

La poco conocida historia del padre Fernando Consag, habla de la fe, la perseverancia y el amor de un hombre por sus semejantes, los indios cochimí, en cuyo nombre fundó lo que hoy somos

Misión de Santa Gertrudis: los inicios de una gran región

Gracias al manantial de Santa Gertrudis, fue posible establecer la misión en éste lugar.

Cuando uno viaja hacia Baja California Sur, justo a la mitad de la península la carretera pasa por una gran región biogeográfica conocida como Desierto Central. En nuestro estado se le conoce como Valle de los Cirios y en Baja California Sur, como Vizcaíno. 
Si hoy nos sorprende y asusta su aridez, imaginémonos cómo estaría en la primera mitad del siglo XVIII, cuando penetraron a ella los primeros misioneros jesuitas, con la pretensión no sólo de evangelizar, sino la de civilizar.
Penetrar la región les llevó muchos años a estos hombres, quienes lo intentaron a partir de la misión de San Ignacio Kadaakamán, establecida en 1728, que actualmente es la más norteña de las misiones de Baja California Sur.
Desde mediados de los 1730’s, los jesuitas estaban decididos a seguir avanzando al norte; así, en 1737 se nombra al misionero croata Fernando Consag como titular de la siguiente misión más allá de San Ignacio, a esta nueva misión se le nombró Nuestra Señora de los Dolores del Norte. 
En ese tiempo no se conocía muy bien el Desierto Central, así que el padre Consag inició una serie de exploraciones con el fin de encontrar el sitio más adecuado para fijar la sede de su misión, y mientras tanto la administró desde San Ignacio, cuyo titular era el padre Sebastián Sistiaga.
Catorce años le llevó al padre Consag darse cuenta de que en el Desierto Central no existen sitios adecuados para fundar misiones. El mejor que encontró fue un paraje que tenía un pequeño manantial al que nombró La Piedad; ahí decidió trasladar la sede definitiva de su misión en el verano de 1751.
En los catorce años que anduvo buscando, es decir, el lapso entre 1737 y 1751, el padre Consag fue incansable. Desde San Ignacio efectuó numerosas exploraciones en el territorio de su misión -territorio del hoy estado de Baja California y municipio de Ensenada-, bautizando a mil indios cochimí, de quienes aprendió la lengua y sus costumbres. 
Tan largas fueron sus registros que en uno de ellos, efectuado en 1746, alcanzó la desembocadura del río Colorado, dando la demostración final de la peninsularidad de California, además de que registró numerosos parajes que recomendó para futuras misiones. También recorrió buena parte de la vertiente del Pacífico y entabló amistad con muchos de sus grupos indígenas. Penetró al Desierto Central conociéndolo a profundidad y registrando sus parajes más importantes.

UN EVANGELIZADOR INCANSABLE
De este modo, el padre Consag se convirtió en el gran pionero de lo que hoy es nuestro estado de Baja California. En 1751, justo cuando trasladaba su misión a La Piedad, se le pidieron dos cosas: la primera, que la misión cambiaría de nombre, y ahora se llamaría Santa Gertrudis La Magna, esto debido a que la esposa de quien financió esta misión, se llamaba Gertrudis y puso como condición que el establecimiento llevara tal nombre; la segunda petición, la más difícil para Consag, fue que dejara su misión en manos del recién llegado jesuita alemán Jorge Retz, y él se hiciera cargo de San Ignacio, ya que no tenía titular porque el padre Sistiaga se había retirado debido a su edad y salud. Por eso Consag es el gran pionero de nuestro estado, el iniciador y fundador de lo que hoy somos.
Fundar una misión en medio de la nada, era en el tiempo de Consag evangelizar en el fin del mundo, la frontera de lo conocido de la Nueva España. Durante muchos años eso fue la misión de Santa Gertrudis, los confines de México, el límite de la civilización y cultura occidental, y ese límite lo avanzó hasta ahí el padre Consag. Fue su proyecto de vida y murió en ese desierto, rodeado de sus indios. Una entrega así hoy no se entiende.
El templo de la misión de Santa Gertrudis luce hoy en día hermoso. Fue totalmente restaurado gracias a la labor incansable del padre Mario Menghini, otro gran misionero, pero comboniano y de nuestro tiempo. 
Muchos piensan que ese templo fue la máxima herencia de Fernando Consag. Esto es algo falso. Para empezar, dicho templo nunca lo conoció Consag. Esa construcción data de los 1790’s, cuando Consag ya tenía más de 30 años de muerto. 
El templo, lo levantaron los misioneros dominicos, continuadores de la labor misional de los jesuitas. Pero el que no lo haya hecho Consag no le quita ningún mérito, ya que la misión no la hacía el templo, sino la labor que se desarrollaba, y la labor de Consag nunca fue superada. 
El valor de la obra de Consag debe medirse no en función de un templo, sino en función de la implantación de la cultura occidental en nuestra tierra. Consag sembró y hoy nosotros cosechamos. La misión de Santa Gertrudis es nada más una de las huellas de Consag, un testimonio de su paso.


LUGAR DE TRADICIONES VIVAS
Hoy gracias a Consag, y a los continuadores de su obra, tenemos viejas tradiciones como la de la ganadería y los vaqueros; como la fiesta patronal de Santa Gertrudis, la más antigua de Baja California, ya que data de 1751; como la tradición de Semana Santa y Navidad; como la elaboración del vino, así como otros apectos. 
Y es que aunque Santa Gertrudis La Magna dejó de funcionar como misión desde 1822, algo de ella sigue vivo, como son esas tradiciones que continúan, las que sus habitantes se encargan que no se pierdan y sigan.
Santa Gertrudis La Magna representa los inicios de nuestra identidad, de nuestras raíces, y el que puso las primeras semillas del presente fue Consag. 
Actualmente ¿quién siembra valores en Baja California? ¿quién da su vida por esta tierra? ¿quién abandona títulos, honores, privilegios para que esta tierra mejore? ¿quién ofrece lo mejor de sí mismo para que Baja California avance? ¿quién ama Baja California? ¿quién nos da ejemplos de entrega y fe en el futuro como nos lo dieron los misioneros? ¿quién continúa la obra iniciada por nuestros fundadores? ¿quién mantiene sus valores, esos que nos dieron rumbo y sentido y que hoy por hoy parece que se han perdido? 
Santa Gertrudis La Magna representa nuestros difíciles inicios y Fernando Consag la fe, la perseverancia y amor de un hombre por sus semejantes, los indios cochimí, en cuyo nombre fundó lo que hoy somos. Por desgracia esta historia es muy poco conocida y no se enseña en las escuelas. Ningún libro que presente la historia oficial de Baja California hablará sobre Fernando Consag, ni que los humildes inicio se dieron en Nuestra Señora de los Dolores del Norte-Santa Gertrudis, ni tampoco que hubo un fundador de nuestro estado, ni los valores que lo motivaron, ni mucho menos que todo lo hizo por amor.


El valor de la obra del misionero Fernando Consag debe medirse no en función de un templo, sino en función de la implantación de la cultura occidental en nuestra tierra; él sembró y hoy, nosotros cosechamos. La misión de Santa Gertrudis es nada más una de las huellas de Consag, un testimonio de su paso


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Escrito por Carlos Lazcano

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