sábado, 22 de septiembre de 2018
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Misiones de las Californias XXXII: Misión de San Vicente Ferrer

Fue el tercer establecimiento de los misioneros dominicos, justo donde hoy se levanta el pueblo de San Vicente. Tuvo un buen desarrollo gracias a su tierra fértil, abundante agua y pastizales. Además, fue punto de encuentro entre las misiones y sirvió como base militar. A pesar de su creciente éxito tuvo que ser abandonada en 1833, debido a la poca población india

Misiones de las Californias XXXII: Misión de San Vicente Ferrer

Después de su abandono la antigua misión pasó a ser parte de los ranchos que se estuvieron formando a lo largo del siglo XIX.

Misiones de las Californias XXXII: Misión de San Vicente Ferrer

Las ruinas de la misión han sido tratadas por el INAH para que no se sigan deteriorando.

Misiones de las Californias XXXII: Misión de San Vicente Ferrer

Las ruinas de la antigua misión son uno de los grandes atractivos de San Vicente.

Las ruinas de la antigua misión son uno de los grandes atractivos de San Vicente.

CARLOS LAZCANO/COLABORACIÓN
carloslascano@hotmail.com | Ensenada, B. C.

El 18 de abril de 1769, la expedición al mando del capitán Fernando de Rivera y Moncada arribó a un hermoso paraje al que se le llamó Ciénega de Santa Isabel. Esta expedición abrió el primer camino terrestre del actual noroeste de Baja California, partiendo de la misión de San Fernando Velicatá buscando arribar a la bahía de San Diego, para dar inicio a las misiones de la Alta California.

En nuestros días, al antiguo paraje de la Ciénega de Santa Isabel se le conoce como Valle de San Vicente, ya que en 1780 fue fundada ahí la misión de San Vicente Ferrer, el tercer establecimiento de los misioneros dominicos, justo donde hoy se levanta el pueblo de San Vicente.

Fray Juan Crespí, el misionero franciscano que acompañaba a la expedición de Rivera y Moncada, anotó en su diario lo siguiente sobre este paraje:

“… llegamos a otro llano bastante grande, de tierra húmeda o ciénega, todo muy vestido de zacate verde … por este paraje corre un arroyo con bastantes álamos, alisos y sauces … corre este llano de nordeste a sudoeste, tiene mucha tierra de pan llevar, de humedad … a todos cuadró mucho el paraje para una misión … púsele el nombre Ciénega de Santa Isabel Reina de Hungría, por rezar hoy de su traslación, para con el tiempo sea una buena misión”.

Dos meses después pasó por aquí una segunda expedición, en la cual iba fray Junípero Serra, quien bautizó a este mismo sitio con el nombre de San Guido.

DESEO CUMPLIDO
El deseo de fray Juan Crespí se cumplió ya que como lo mencionamos, los dominicos fundaron aquí la misión de San Vicente. Como sabemos, los franciscanos estuvieron en la península solo cinco años, para 1773 esta pasó a manos de los dominicos, quienes ya para agosto de 1780 establecieron su tercera misión en este valle nombrándola San Vicente Ferrer, en honor al destacado dominico de Valencia, España, que nació en 1350 y murió en 1419.

Los fundadores de esta misión fueron fray Miguel Hidalgo y fray Joaquín Valero, quienes la establecieron formalmente el 2 de agosto de 1780, a un lado del arroyo, dentro del antiguo territorio de los indios pa-ipai, uno de los grupos yumanos del norte de Baja California.

Fray Miguel Hidalgo, homónimo del padre de la patria, era originario de Córdoba, España, era un experimentado misionero y ya había participado en la fundación de la misión de Santo Domingo, cinco años antes, posteriormente fue el presidente de las misiones bajacalifornianas. Fray Joaquín Valero ya había sido misionero en Mulegé y había arribado a la península en 1773. Era natural de Teruel, España.

La misión pronto tuvo un buen desarrollo gracias a varios factores, entre ellos el que contara con abundante agua, excelente tierra, y buenos pastizales. Además, tenía una excelente ubicación dentro del antiguo camino misionero y llegó a fungir como un punto de enlace entre las misiones de la Alta y la Baja California.

Esto permitió una agricultura donde se contó con buenas siembras de maíz, trigo, frijoles y cebada, entre las más importantes. La ganadería también tuvo un excelente auge, así se contó con ganado vacuno, caprino y ovino. En San Vicente también llegó a cultivarse la uva y a producirse un excelente vino para consumo local. La tradición del vino en esta región se perdió con la entrada del siglo XX, sin embargo en años recientes se ha estado recuperando y actualmente cuenta San Vicente con importantes viñedos y productores de vino.

Cerca de San Vicente se encuentra la costa del Pacífico, ahí los misioneros aprovecharon algunos de sus muchos recursos que fueron un complemente alimenticio y comercial para la misión, sobre todo la pesca, los mariscos y la antigua cacería de la nutria marina, animal hoy extinto. Con cierta frecuencia arribaban a la costa peninsular embarcaciones rusas, estadounidenses e inglesas, con las cuales los misioneros intercambiaban productos. Uno de los más apreciados era la piel de la nutria, cuyo intercambio llegó a ser importante en los ingresos misionales y en la economía de la región.

Gracias a su ubicación estratégica fue una de las más importantes bases militares de la península y llegó a tener un fuerte contingente de soldados que ayudaron a contener los ataques de los indios, especialmente de los yumas del río Colorado.

En sus mejores momentos San Vicente llegó a contar con 300 indios, sin embargo su población pronto disminuyó, entre otros factores por las enfermedades traídas por los soldados y por las deserciones de los mismos indios. Los misioneros abandonaron esta misión en 1833 debido a la poca población india.

JURA DE INDEPENDENCIA
En mayo de 1822 fue en San Vicente donde se juró la independencia de México, acto realizado por el comandante militar Don José Manuel Ruiz. Actualmente, cada año se conmemora esta primera jura de independencia, en medio de la fiesta de fundación del pueblo.

Después de su abandono la antigua misión pasó a ser parte de los ranchos que se estuvieron formando a lo largo del siglo XIX. Debido a su buena ubicación durante un corto tiempo se le nombre sede política del norte penínsular, fungiendo como capital del partido norte, la cual después se cambió a Santo Tomás y posteriormente a Real del Castillo y Ensenada.

Otro hecho importante que ocurrió en San Vicente fue el asesinato de Antonio Meléndrez, nuestro máximo héroe regional, quien fuera fusilado aquí, víctima de las intrigas en su contra. Melendrez fue quien derrotó a William Walker, en 1854, cuando este quiso apoderarse de la península para separarla de México y formar la “República de Baja California”.

San Vicente es el segundo pueblo más antiguo de Baja California (el primero es El Rosario), también de origen misional. Su crecimiento fue base del actual desarrollo de nuestro estado. En San Vicente aun se conservan algunas tradiciones que datan del tiempo misional, como la tradición del vaquero, muy asociada a la ganadería. Viven en San Vicente algunos de los más destacados vaqueros de la región norte de nuestro Estado.

Actualmente San Vicente es un pueblo tranquilo que cuenta con un poco más de 3 mil 500 habitantes. Se ubica a 80 kilómetros al sur de Ensenada, por la carretera transpeninsular. Entre sus atractivos se encuentran las ruinas de la antigua misión, las que han sido tratadas por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) para que no se sigan deteriorando. Cuentan con un pequeño, pero interesante, museo de sitio, que muestra diversos objetos de la época.

Junto a estos vestigios está el panteón misional y del pueblo, con tumbas bastante interesantes que datan de principios del siglo XIX. Aquí es donde fue enterrado Antonio Melendrez, aunque se desconoce cuál es su tumba.

San Vicente cuenta con algunos restaurantes excelentes, así como un pequeño pero cómodo hotel. Desde luego hay atractivos naturales de gran belleza en su cercana costa del Pacífico.

San Vicente Ferrer, el patrono de esta misión, fue un sacerdote dominico que nació en Valencia, España, en el año de 1350. Llegó a ser célebre en su tiempo gracias a sus dotes como predicador, taumaturgo y filósofo. Efectuó extensos viajes por Europa, llevando importantes prédicas, la que lo llevaron a ser muy apreciado por la gente. Murió en el año de 1419, en la ciudad de Vannes, y fue canonizado en 1455, convirtiéndose en el santo patrono de su ciudad natal, Valencia.

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