martes, 25 de septiembre de 2018
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Que el dormir bien no sea sólo un sueño

El insomnio es uno de los principales trastornos de los mexicanos, y es cada vez más frecuente porque las personas prefieren restarle horas al descanso para cumplir con todas las actividades de su vida diaria

AGENCIA REFORMA
Monterrey, N. L.

El insomnio se ha convertido en una epidemia que afecta a más de la mitad de la población mexicana.

Este problema es uno de los principales trastornos del sueño en incidencia y prevalencia. Es cada vez más frecuente porque las personas prefieren restarle horas al sueño para cumplir con todas las actividades de su vida diaria, que tomarse el tiempo para dormir.

Las consecuencias: un sueño escaso, de menos de seis horas, no reparativo ni restaurativo que poco a poco deteriora la salud.

“Ya no se le da, ni se le invierte el tiempo ni los recursos necesarios al proceso fisiológico vital del dormir como se debería por la importancia, delicadeza y trascendencia que tiene”, manifiesta el psiquiatra Héctor Olivares Rodríguez, especialista en el estudio del sueño.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define al insomnio como la dificultad para conciliar o mantener el sueño, o como la sensación de un sueño poco reparador que genera un notable malestar e interferencia con las actividades sociales y laborales.

“Dormir no es un placer, sino una necesidad”, comparte Olivares Rodríguez, quien cuenta con 10 años de trayectoria en el área del sueño en psiquiatría, en Nuevo León.

“El problema es que hay desinformación en la población en general y una pobre información y capacitación en el gremio de la salud”, añade.

Los trastornos del sueño son subestimados, señala por su parte el neurólogo Francisco Guerrero Campos.

“Creemos que sabemos cómo dormir, pero en realidad no tenemos una cultura del sueño.

“Menos ahora que, al exponernos por largos periodos a los estímulos luminosos de las pantallas de celulares, computadoras y tablets de la vida moderna, alteramos los ritmos biológicos”, indica Guerrero Campos, director de la Clínica del Dormir en Nuevo León.

Desde que se inventó la luz eléctrica, el tiempo natural destinado para dormir disminuyó para realizar más actividades nocturnas. Ver televisión a media noche o revisar correos y mensajes antes de dormir se ha vuelto casi una rutina para niños y adultos; sin embargo, este tipo de acciones afectan los ritmos circadianos y hacen que las personas duerman menos y mal.

Biológicamente, los ritmos circadianos comienzan a alterarse porque el cerebro, al captar la luz de los impulsos fotoeléctricos a través de la retina, la percibe como un atardecer prolongado.

“Le hacemos más caso al reloj del celular que al biológico, no conocemos nuestro propio cuerpo, ni atendemos sus necesidades de descanso y sueño; no sabemos cómo dormir bien.

“Es importante que las personas sepan lo que significa dormir bien para que identifiquen en qué se están equivocando”, advierte Guerrero Campos.

¿Dormir? ¡Ni en sueños!
Guerrero Campos indica que existen más de 90 trastornos del sueño, pero los más comunes son los trastornos respiratorios como ronquido y apnea del sueño.

“El insomnio, en el 80 por ciento de los casos, generalmente es ocasionado por un trastorno respiratorio del sueño.

“El problema es que la mayoría de las personas no saben que roncan, se sienten cansadas y tienen sueño durante el día, pero desconocen su comportamiento nocturno”, abunda el especialista.

De aquí la importancia de que pregunten a su pareja de cama o a los familiares qué tipo de conducta presentan en la noche, ya que pueden manifestar desde ronquidos, pausas en la respiración o apena del sueño hasta comportamientos relacionados con actividad muscular, como el síndrome de los movimientos periódicos de las extremidades, entre otros.

“Si no se identifica el problema de fondo, el paciente puede recibir un tratamiento incorrecto a base de fármacos como ansiolíticos, antidepresivos o somníferos.

“Este tipo de medicamentos ofrece una mejoría temporal, hace que el paciente duerma por sedación, pero no de manera natural y a la larga las personas se pueden volver dependientes de estas sustancias y empeorar su problema de sueño y su salud”, alerta Guerrero Campos.

¿Duermo o no duermo?
Si tienes somnolencia durante el día, estás distraido, no te concentras, tu estado de ánimo se altera con facilidad, te sientes ansioso, irritable, apático, entonces estás durmiendo mal.

“Primero hay que revisar los hábitos del sueño.
“Alrededor del 50 por ciento de los casos de insomnio se resuelven con medidas de higiene del sueño”, precisa el director de la Clínica del Dormir.

Cuando el cambio de hábitos no funciona y el paciente sigue refiriendo síntomas de un mal sueño, entonces se sugiere una polisomnografía o estudio del sueño para hacer un diagnóstico preciso del problema.

“La polisomnografía es un estudio no invasivo que no causa ni dolor ni molestias.

“Este estudio se hace cuando el médico sospecha que el paciente tiene algún tipo de trastorno del sueño, siendo el más frecuente la apnea del sueño”, explica por su parte el psiquiatra Héctor Olivares Rodríguez.

El estudio se realiza en una sola noche y mide el ritmo cardíaco, el nivel de oxígeno en la sangre, las ondas cerebrales, la frecuencia respiratoria, la presencia de apneas o pausas en la respiración, los movimientos de extremidades, entre muchas otras variables.

“Esta evaluación es realizada por los profesionales de la salud que trabajamos en la medicina del sueño y que estamos capacitados para detectar qué pacientes son candidatos para el estudio”, destaca el especialista.

Atiéndete
La medicina del sueño es multidisciplinaria porque los trastornos del sueño son diversos.

“En Estados Unidos, los directores de los centros donde se estudia el sueño son psiquiatras, los cuales dirigen al grupo multidisciplinario con el que se trabaja en conjunto”, remarca Olivares Rodríguez.

Los problemas del sueño pueden ser abordados por otorrinolaringólogos, neurólogos, neumólogos, psiquiatras, psicólogos, hasta dentistas, ortodoncistas y cirujanos maxilofaciales con entrenamiento en trastornos del sueño.

“Por ejemplo, si con la polisomnografía se detecta un trastorno respiratorio se puede referir al paciente con el neumólogo o el otorrinolaringólogo, o con ambos, según el caso; o si se identifica una roncopatía se puede canalizar con el odontólogo para que indique un dispositivo de avance mandibular.

“Cada especialidad evalúa el problema, por eso es importante el trabajo multidisciplinario”, comparte el neurólogo Guerrero Campos.

Tratamientos
Los tratamientos para los trastornos del sueño se individualizan de acuerdo a la condición de cada paciente.

“El trabajo en conjunto entre distintas especialidades médicas es necesario para realizar una revisión exhaustiva del paciente y descartar alteraciones anatómicas, funcionales, emocionales, biológicas y de otra índole”, explica el psiquiatra Olivares Rodríguez.

Añade que el tratamiento varía según el problema de fondo; por ejemplo, en caso de insomnio, se pueden indicar medidas de higiene del sueño o un abordaje cognitivo-conductual para reajustar el ritmo del sueño y en caso de apnea del sueño, se puede sugerir el uso de una mascarilla nasal, por mencionar algunas técnicas.

“La atención e importancia que los pacientes le brinden a su bien dormir los ayudará a abordar con tiempo los malestares que los aquejan”, añade.

Horas de sueño recomendadas por edades:

  • Adultos mayores de 60 años: 6 horas.
  • Adultos menores de 60 años: entre 7 u 8 horas.
  • Adolescentes: 9 horas.
  • Infantes en edad escolar: 10 horas.
  • Infantes en edad preescolar: 13 horas.
  • Bebés: hasta 17 horas.

Repercusiones
Dormir menos de 6 horas:

  • Afecta diferentes sistemas del cuerpo, desde el cardiovascular, neuroendocrino, digestivo y respiratorio hasta el inmunológico.
  • Ocasiona problemas gástricos, incremento del apetito, desequilibrio en el rendimiento, reducción de los reflejos y disminución en la capacidad de concentración.
  • Incrementa hasta 4 veces el riesgo de desarrollar o morir de un accidente cerebrovascular en personas de mediana y tercera edad.
  • Eleva hasta en un 48 por ciento las probabilidades de desarrollar o morir de una enfermedad cardiaca.
  • Aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de colon y de mama hasta en un 50 por ciento.
  • Provoca cambios en los niveles de las hormonas del apetito: grelina y leptina, lo que desencadena un aumento en el consumo de carbohidratos.
  • Altera el metabolismo del colesterol.
  • Propicia el desarrollo de enfermedades crónicas como la diabetes mellitus tipo 2.
  • Desencadena el desarrollo de trastornos depresivos mayores o trastornos de ansiedad de moderados a severos.
  • Acelera el riesgo de manifestar enfermedades como Parkinson, Alzheimer y agrava los cuadros epilépticos.
  • Repercute negativamente en la memoria, la concentración, atención y aprendizaje.
  • Compromete el sistema inmunológico.

Tiempo de dormir
Las siguientes medidas te ayudarán a descansar:

  • Invierte en un colchón de buena calidad.
  • Cena 2 horas antes de dormir.
  • Apaga la luz una hora antes de dormir para que el cerebro produzca relajación.
  • Mantén una oscuridad absoluta en la recámara con cortinas especiales y, de ser posible, tapa cualquier luz proveniente de los aparatos eléctricos.
  • Elimina ruidos externos.
  • Acuéstate y despiértate siempre a la misma hora.
  • Levántate de la cama si después de 10 minutos de haberte acostado no logras conciliar el sueño. Realiza alguna actividad como leer y después intenta dormir nuevamente.
  • Utiliza la cama sólo para dormir o para la actividad sexual. Cuando se hacen otras actividades en la cama como ver la televisión, comer o leer, el cuerpo la desconoce como un lugar de descanso.
  • Evita ver el reloj cuando estás acostado. Al checarlo constantemente durante la noche, en automático haces un conteo de las horas que faltan para que amanezca, esto sólo te ocasiona ansiedad y estrés y propicia el insomnio.
  • Si trabajas en turnos nocturnos “fabrica” tu propia noche en casa, sin luz ni ruidos.

Si aún siguiendo estos consejos no logras dormir, entonces acude a un centro o clínica del sueño.

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