martes, 25 de septiembre de 2018
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Francisco María Píccolo: 288 años de su muerte

Es considerado uno de los fundadores de Baja California. Dejó su patria para trabajar en pro de nuestra península. Su amor por estas tierras hizo que se convirtiera no sólo en evangelizador, sino también en un gran explorador, escritor y un estudioso de las cosas californianas

Francisco María Píccolo: 288 años de su muerte

Misión de San Ignacio. Píccolo fue quien primero reconociera el paraje donde se estableció esta misión.

CARLOS LAZCANO SAHAGÚN/COLABORACIÓN
carloslascano@hotmail.com | Ensenada, B. C.

El misionero jesuita de origen italiano, Francisco María Píccolo, es una de las figuras fundamentales en la historia de Baja California, ya que desarrolló una labor incansable para el establecimiento y consolidación del sistema misional jesuítico en la Antigua California. Al igual que con muchos otros misioneros, Píccolo es una figura poco reconocida, a pesar de la importancia de su labor y de ser uno de los fundadores de Baja California.

Píccolo nació en Palermo, Italia, el 25 de marzo de 1654. Ingresó a la Compañía de Jesús en el año de 1673, arribando a la Nueva España en 1684. Desde un principio fue destinado a las misiones del norte de México. Durante 13 años desarrolló una intensa y extraordinaria labor misionera en la sierra Tarahumara, donde profesó en 1689, teniendo su base en la misión de Carichí, al pie de la Sierra Tarahumara. 

SU LABOR EN LA ANTIGUA CALIFORNIA
A escasas semanas de que Juan María de Salvatierra fundara la misión de Loreto (25 de octubre), en noviembre de 1697 arribó a la California el padre Píccolo, por lo que perteneció a la primera generación de misioneros de la península. En marzo de 1698 Píccolo estableció la segunda misión que se fundara, la de San Juan Bautista Londó, la que en poco tiempo sería cambiada a la categoría de visita, dependiendo de la misión de Loreto. Poco tiempo después inició las exploraciones de la Sierra de la giganta, y en ella, en 1699, estableció la misión de San Francisco Javier Viggé Biaundó, en la parte más alta de esta serranía, una de las más abruptas de la península.

En el año de 1701 viajó a las ciudades de Guadalajara y México, donde publicó un ensayo titulado ‘Informe del estado de la nueva cristiandad de California’, el que presentó a la Real Audiencia de Guadalajara al año siguiente. Este importante texto fue destinado a los poderes civiles y eclesiásticos de la Nueva España para convencerlos de la conveniencia de consolidar el proyecto californiano y animarlos a brindarle apoyo económico. Esta publicación fue la primera donde se trata sobre las condiciones de la Antigua California y, debido a ello, su interés es grande. Desde su aparición ha tenido numerosas ediciones en varios idiomas y países. Se trata de uno de los textos fundamentales para la historia de los inicios de Baja California.

A su regreso a la península, en 1702, inició una extensa actividad exploradora, siendo el primer jesuita californiano en destacar como explorador. Recorrió buena parte de la Sierra de la Giganta en busca de sitios adecuados para establecer futuras misiones. Igualmente recorrió por tierra buena parte de la costa del Pacífico de Baja California Sur, con el fin de reconocer sus puertos y otros accidentes geográficos que pudieran ayudar en la expansión de la evangelización.

En 1704 pasó a Guaymas, Sonora, para establecer el sistema de abastecimiento a la península, el cual se realizó gracias al apoyo del padre Eusebio Kino, quien proporcionó muchos de los excedentes de sus misiones para consolidar a las misiones californianas. Kino y Píccolo llevaron una gran amistad, la cual fue muy benéfica para los inicios misionales de la península.

IMPULSO A LAS MISIONES
En 1705 fue nombrado visitador de las misiones de Sonora y California. Gracias a este importante cargo pudo dar un mayor impulso a las misiones del noroeste de México, especialmente a las de California. Fue en este puesto que amplió sus colaboraciones con el padre Kino, quien siempre estuvo dispuesto en apoyar a California y sus misiones. 

Regresó a California en 1709, quedando a cargo de la Misión de Santa Rosalía de Mulegé donde sirvió hasta 1720. Desde Mulegé continuó sus exploraciones por la Sierra de la Giganta y el Pacífico, en busca de un buen puerto para dar apoyo al Galeón de Manila, apoyo que ya desde hacía más de cien años venía buscándose, sin lograrse nada hasta ese tiempo. 

Hacia 1710 o 1711 descubrió el paraje de Huasinapí, en donde sería fundada posteriormente la misión de Nuestra Señora de Guadalupe. En 1712 registró el arroyo de Cadegomó, y bautizó a uno de sus parajes con el nombre de la Púrísima Concepción de María; ahí sería establecida la misión de La Purísima algunos años después.

Durante el año de 1716 exploró hacia el norte de su misión, descubriendo el hermoso Valle de San Vicente, en donde posteriormente fuera fundada la misión de San Ignacio Kaadakaamán. De este recorrido registró numerosos sitios indígenas cochimí, algunos localizados en el hoy estado de Baja California, ya que dicho valle se encuentra muy cerca del paralelo 28, al sur. Recordemos que la misión de San Ignacio fue fundada en 1728, y sirvió de base para iniciar la evangelización del norte.

En 1720 fue nombrado superior de las misiones de California, cambiando su residencia a Loreto, en donde murió el 22 de febrero de 1729, hace exactamente 288 años. Tenía 75 años.

Al igual que muchos otros jesuitas, el padre Píccolo tenía una serie de grandes valores, gracias a los cuales se logró implantar la civilización y la cultura occidental en nuestra tierra. Por eso lo consideramos entre los fundadores de Baja California. Dejó su patria para trabajar en pro de nuestra península, y aquí murió, entre sus indios, a los que amó hasta el grado de entregarles toda su vida. 

Su amor por Baja California hizo que se convirtiera no sólo en evangelizador, sino también en un gran explorador, en escritor y un estudioso de las cosas californianas, en constructor y un excelente organizador. No sabemos si haya elaborado algún mapa, pero sin lugar dudas sus exploraciones influyeron grandemente para la correcta cartografía de peninsular.

Sirva este pequeño artículo como un sencillo homenaje y conmemoración de este nuestro gran misionero. Vale la pena recordar que en los jardines del Riviera, en la Rotonda de los Pioneros, se le dedicó un medallón. Se trata del único reconocimiento que tiene este misionero en nuestro Estado, y posiblemente en toda la península.

De la primera generación de fundadores de California, únicamente Ugarte y Salvatierra tienen un retrato al óleo. Piccolo no lo tiene, por lo que ignoramos cual era su aspecto.

Es una figura poco reconocida, a pesar de la importancia de su labor y de ser uno de los fundadores de Baja California


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