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A dos décadas de la masacre de El Rodeo

Un 17 de septiembre de 1998, un comando armado ingresó a la propiedad del profesor rural en El Sauzal, Fermín Castro y ejecutó a 19 personas, entre ellas a 8 niños y una mujer embarazada
sábado, 15 de septiembre de 2018 · 00:00

Redacción/EL VIGÍA
Ensenada, B. C.

Este 17 de septiembre de 2018 se cumplen veinte años del homicidio colectivo de 19 personas en el rancho El Rodeo, en la delegación municipal de El Sauzal.

Entre las víctimas ocho niños, dos de ellos bebés y una mujer embarazada. Se trató de la ejecución de tres familias: Castro, Tovar y Altamirano a manos de un comando armado que ingresó a tres viviendas ubicadas en la colonia Vista al Mar.

En el lugar fueron asesinados tíos, primos, mujeres, niños, como un ajuste de cuentas y represalia en contra de Fermín Castro Rodríguez, maestro rural que también se dedicaba a la ganadería y al narcotráfico.

Esto fue lo publicado por El Vigía hace cinco años:

“Los testimonios
Alrededor de las tres de la madrugada un comando armado arribó al lugar. Una de las unidades era una panel de color blanco que se estacionó en las caballerizas ubicadas en la parte posterior de la casa de Francisco Flores Altamirano.

Los sicarios bajaron y se distribuyeron entre las viviendas, en la casa de Francisco Flores Altamirano, donde tocaron con fuerza la puerta y la abuela sin saber se acercó a abrir.

Desde la entrada empezaron a disparar, y en ese sitio le dispararon a Mario Alberto, un niño de 12 años al que dieron por muerto, y que se convirtió en uno de los dos sobrevivientes.

Los sacan al patio
Luego dispararon contra las rejas de la puerta, la cual tenía pocas semanas que se cerraba con llave; de este sitio sacaron a varias personas al patio, junto a una barda que comunica con el patio de un vecino. A todas las obligaron a acostarse boca abajo.

Otra parte del comando se movió a la casa de Esperanza Tovar, ubicada al centro del terreno, una vivienda humilde de color verde azul; ahí quebraron vidrios para ingresar sacando a dos familias: La de Esperanza y una más, la de Macaria y Gerardo, quienes estaban en espera de su primer hijo en el octavo mes de gestación.

También los obligaron a caminar al patio vecino, donde los colocaron con sus primos boca abajo en el piso frío en plena madrugada.

Otro grupo de matones se fue a la siguiente casa, la de Fermín Castro, presunto objetivo de estos sucesos, a quien le dispararon dentro de su vivienda en el segundo piso.

Su mujer, Guadalupe, no estaba durmiendo con él, apenas había vuelto tras un problema de pareja y estaba en una recámara en el primer piso con su bebé Fermín de dos años, enfermo y con temperatura.

Le pidió a los sujetos que le dejaran llevar una cobija para poder sacar a su bebé. No se lo permitieron y la hicieron que fuera también al patio, para que se colocara boca abajo con su pequeño.

Viviana, su hija mayor, logró esconderse, estaba embarazada de seis meses, pero aseguró en los testimoniales haberse ocultado y salvar la vida.

Mientras tanto, abajo en el patio los asesinos preguntaban por alguien o por algo, se escuchaban algunos nombres: Armando, Chaparro, Chapo.

El multihomicidio
Con las familias en el suelo, asustadas por las armas en sus cabezas y en medio de la oscuridad, uno de los sicarios preguntó qué harían ahora con ellos: La respuesta de otro sujeto, que luego fue identificado como Lino Quintana o el “Güero” Quintana fue simple: “lo único que pueden hacer, plebes, es matarlos a todos”.

Con eso se cobraba venganza, matar a hombres, mujeres y niños cuya única culpa era ser familiares del hombre que presuntamente les robó droga.

Luego, sin piedad alguna, los sicarios dispararon sobre los cuerpos, tendidos boca abajo, en pijama, descalzos, sacados de la cama a mitad de la noche y tras las ráfagas, un tiro de gracia en la cabeza para asegurar su muerte, “porque ya los habían visto”. Lo de menos fue que hubiera en el grupo ocho niños y una joven embarazada, ni que dos de esas criaturas fueran de brazos y que no entendieron lo que pasaba.

Los sobrevivientes
Sin embargo, hubo dos testimoniales de sobrevivientes, de Mario Alberto Flores Castro, en aquel entonces de 12 años y de Viviana Castro Tovar, una adolescente embarazada de 16 años, cuyos datos arrojan una tenue luz sobre lo ocurrido esa madrugada.

Uno de estos datos es que en el proceso participaron ocho sicarios.

Tras la balacera, sobrevivieron Guadalupe Tovar, esposa de Fermín y el mismo Fermín Castro; no obstante, unas cuantas horas después ella falleció debido a las graves heridas; pero él (Fermín) permaneció en coma profundo hasta el 2 de octubre, cuando finalmente murió sin haber recuperado nunca la conciencia, pues le habían disparado en la cabeza”.

Las víctimas
Casa 1
Francisco Flores Altamirano 28
Sandra Luz Castro Ramírez 28
Vanesa Francisca Flores Castro 13
Eduardo Flores Castro 9
Francisco Flores Castro 7
Mavis Karen Flores Castro 8
Bernardo Flores Castro 4

Visitas
Xóchitl Altamirano Osorio 45
Verónica Flores Altamirano 15

Casa 2
Esperanza Tovar de Jaime 35
Luis Alberto Jaime Liera 45
Iris Karina Jaime Tovar 17
Luis Alberto Jaime Tovar 14
César Jaime Tovar 1
Gerardo Sáenz Arce 24
Macaria Jaime Tovar 20

Casa 3
Fermín Castro Ramírez 34
Guadalupe Esther Tovar Torres 33
Fermín Castro Tovar 2

Sobrevivientes
Mario Alberto 12
Viviana 16

Sicarios detenidos
Ismael Estrada Ramos (a) “El Mayito” 40 años
Trinidad Medina Pérez (a) “El Trini” 34 años
Armando Villegas Santacruz (a) El Cholico 33 años
Héctor Flores Esquivias (a) Felipe Flores Esquivias Prófugo Tijuana
Manuel Ross (a) Manuel Escalante Preso en Estados Unidos
Jesús Rubén Moncada Ángulo, (a) El Güero Loco
Lino Portillo Quintana (a) Arturo Martínez González (a) “El Güero Quintana”; jefe del comando, se suicidó en una celda de Sinaloa.

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