Además el escritor contará otro tramo de su vida en “Personas” y presentará su nueva novela “Federico en su balcón”, inspirada en el filósofo alemán Federico Nietzsche

Al hurgar en su pasado, Carlos Fuentes ha decidido detenerse en los 21 años; el resto, insiste, está en sus novelas. Foto / Reforma
México, D. F. - El escritor Carlos Fuentes va a la mitad de Los días de la vida, sus memorias de infancia y juventud. Al hurgar en su pasado, ha decidido detenerse en los 21 años; el resto, insiste, está en sus novelas.
Cuando el Nobel colombiano Gabriel García Márquez, su gran amigo, le anunció que escribiría un segundo libro de memorias después de Vivir para contarla, Fuentes lo previno: “No lo hagas, porque ahora son tus libros los que cuentan tu historia, no tú”.
Las memorias, dice, siempre son incompletas. “Se da uno cuenta que va dejando demasiadas cosas afuera, y luego, darles un valor literario...”.
Sus papeles personales y de trabajo están depositados en la Universidad de Princeton, a la que hace envíos periódicos.
“Guardo mucho aquí (en su casa), lo que necesito. Los últimos diez años están aquí conmigo”, explica.
Firmó en 1995 un contrato con Princeton. No había entonces, dice, una cultura del archivo en México.
“¿Dónde está el archivo? Pues se lo comieron las ratas. Desaparecían las cosas, por eso hay muy poco testimonio del pasado mexicano, por el descuido simplemente”.
¿Tenía dudas sobre su conservación?
Tenía muchas dudas sobre lo que podía pasar en México. Además, la gente que se acercó a mí no me ofrecía garantías de ningún tipo.
En su testamento, Fuentes ha dispuesto que su biblioteca no se disperse y sea su esposa, la periodista Silvia Lemus, quien decida su destino. “Me costó mucho tiempo juntarla. Es una buena biblioteca. Mide tres pisos. En Londres tengo otra”.
Este año se conmemora medio siglo de la aparición de La muerte de Artemio Cruz y Aura --de la que Era prepara una edición de aniversario. Fuentes no le ha hecho corrección alguna, como con ningún otro de sus libros.
“No los toco. Nunca más. Sería profanarlos”.
¿De sus novelas cuál salvaría?
Yo sé que algunas son muy bonitas, otras son tuertas o mancas, pero las quiero porque son mis hijas; qué le vamos a hacer.
El origen de ambas novelas es muy distinto: Aura es sobre la vida de la muerte, y Artemio Cruz, sobre la muerte de la vida.
Aura, su novela emblemática del deseo y el tiempo, nació en un instante, y la escribió en cinco días sentado en un café.
“Estaba yo con una chica de 20 años en París. Salió un momento, regresó y apareció debajo de una luz que caía verticalmente: por el juego de las luces, se volvió una anciana por un minuto”.
En las 12 horas de agonía de Artemio Cruz vierte su conocimiento, lecturas e interrogantes sobre la historia de México. “Es una novela con un largo pasado que tenía que imaginar”.
En sus memorias se remonta a sus antepasados de Canarias y Alemania, quienes se instalaron en México en la década de 1860.
A su abuelo Rafael Fuentes Vélez, banquero del puerto de Veracruz, lo recuerda como un hombre sentado sin poder hablar. “Poco a poco fue perdiendo el habla, se fue momificando”.
Creció muy unido a sus abuelas. Cuando la familia residía en Washington, donde su padre era consejero de la embajada mexicana, cada verano era enviado a México para que no olvidara el español.
“Mi abuela paterna tenía la manía de las ruinas y cada fin de semana íbamos aquí y allá. Tenía un fervor germánico por descubrir todo lo que era México. En cambio, mi abuela sonorense era retevaciladora”.
Personas
Fuentes contará otro tramo de su vida en Personas, libro que publicará este año con Alfaguara, dedicado a personajes ya fallecidos, como Alfonso Reyes, Luis Buñuel, Fernando Benítez, Pablo Neruda, Julio Cortázar, Norman Mailer y Lázaro Cárdenas.
“A través de la narración de ellos voy contando un poco mi propia vida”.
Fuentes ha sido amigo de presidentes. “No de los ignorantes”, ataja. Cárdenas, Echeverría, Salinas, Zedillo. “A Calderón lo conozco casi desde que era escuincle”.
“Lo que pasa con los presidentes es que son uno antes de ser presidentes, otro cuando son presidentes y otros cuando ya no lo son”.
¿Cuál le agrada más?
El que dejó de ser presidente porque tiene cierta amargura que antes no tenía.
¿Qué busca un presidente en la amistad con un escritor? ¿Algo más que recomendaciones literarias?
No, no. Se habla de política. Tengo opiniones y a veces son contrarias a los propios presidentes.
Fuentes trabaja todos los días, sin falta, de las 8:00 de la mañana a la 1:00 de la tarde. “Si no lo hago, me siento muy pecaminoso, tengo un elemento católico, religioso, en mi cultura”.
Dice García Márquez que él pone las tripas en sus novelas.
Yo sería menos tropical que Gabo y diría que el corazón.
Por la tarde lee y en la noche acude a fiestas o ve televisión. Su vida social, dice, ya no es tan activa.
El escritor, que en noviembre cumplirá 84 años, tiene al menos siete novelas en proceso. Cada vez que termina una, confiesa, lo invade la melancolía.
“Es como perder un amor muy cercano, y hay que encontrar el nuevo amor rápidamente. Por eso tengo varias novelas en proceso, para no quedarme viudo”.
Otras veces, la coyuntura se le impone. A pesar de estar lista, no ha podido ver la luz Aquiles o el guerrillero y el asesino, novela sobre Carlos Pizarro, fundador del M-19 y luego candidato a la presidencia de Colombia, asesinado en campaña.
“Es lo malo de escribir una novela sobre una situación política real”, medita. “La actualidad me gana”. Confía en que ahora, con el gobierno de Juan Manuel Santos, su alumno en Harvard, “haya una cierta paz en Colombia y me atreva a publicarla”.
Novela a Nietzsche
Carlos Fuentes presentará su nueva novela, Federico en su balcón, inspirada en el filósofo alemán Federico Nietzsche, en la próxima Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
La obra de Nietzsche lo acompaña desde los 15 años, cuando lo leyó por primera vez, y se quedó con él “para siempre”.
El escritor le da una segunda oportunidad al autor de Así hablaba Zaratustra, quien afirmó: “Dios ha muerto”. La acción transcurre en Berlín con una familia mexicana. “En esta novela, Dios le dice: ‘Puedes vivir una segunda vez’, lo resucita y lo tiene en el balcón, a donde se asoma mi personaje e inician un diálogo que va a ser la novela”, adelanta.
Si a Fuentes le fuera dado vivir una segunda vez, dice, no cambiaría nada.
“No porque no quisiera, sino porque no puedo; no podemos ser sino lo que somos”.
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