martes, 25 de septiembre de 2018
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La imaginación sociológica

Por Luis Damián Garibay*

Nos han dicho muchas veces que “el cambio está en uno”, ¿pero será del todo cierto que nosotros somos los verdaderos responsables de nuestras circunstancias? O como dicen, estás mal porque quieres. Pero ¿qué sucede con aquellas personas que nacieron en condiciones precarias, sin acceso a la educación, en medio de la violencia y sin oportunidades de empleo? ¿Están así porque ellos quieren? 
¿Y qué tal con nosotros? ¿Acaso no sentimos, de vez en cuando, que hay algo mal allá afuera, que hay crisis económicas, crisis de valores y de violencia?
Sentimos que hacen falta guías y certezas para poder vivir en este mundo tan acelerado y caótico.  Es entonces que padecemos de un malestar generalizado, donde, como consecuencia de la incertidumbre y la falta de herramientas para revelar aquello que nos aqueja en nuestra realidad social, terminamos culpándonos a nosotros mismos o, peor aún, optamos por caer en la indiferencia. 
Es por ello que Charles Wright Mills propone a la Imaginación Sociológica, con un libro del mismo nombre, publicado en 1959. 
Dice que esta peculiar imaginación permite a su poseedor comprender el escenario histórico más amplio en cuanto a su significado para la vida interior y para la trayectoria exterior de diversidad de individuos.
Ella le permite tener en cuenta cómo los individuos, en el tumulto de su experiencia cotidiana, son con frecuencia falsamente conscientes de sus posiciones sociales. 
En aquel tumulto se busca la trama de la sociedad moderna, y dentro de esa trama se formulan la psicologías de una diversidad de hombres y mujeres. Por tales medios, el masteltar personal de los individuos se enfoca sobre inquietudes explícitas y la indiferencia de los públicos se convierte en interés por las cuestiones públicas. 

Los valores y modelos culturales 
He aquí la respuesta a muchas de nuestras inquietudes. Pues muchos de los problemas que nos aquejan no son sólo consecuencia de nuestras acciones individuales, sino de fuerzas que se desenvuelven en las dimensiones históricas, sociales, económicas, políticas y culturales. 
Una vez que utilicemos la imaginación sociológica para hacer conexiones entre estos aspectos con  nuestra vida individual, podremos explicarnos mucho de nuestras circunstancias para poder tomar mejores decisiones.
Pero la imaginación sociológica no funciona sólo imaginando, sino leyendo. Para poder hacer conexiones entre todas estas dimensiones tenemos que conocer de nuestra historia como de nuestra economía. 
Tener en cuenta los valores y modelos culturales que más han moldeado a nuestra sociedad y conocer lo que ocurre en nuestro sistema político. Involucrarnos con la historia pero también conocer a nuestras instituciones y las estructuras que dan forma a nuestra vida social. 
Una vez enterados, abiertos, y conscientes, podemos poner en marcha a nuestra imaginación sociológica para develar aquello que nos aqueja, y entonces, ver de qué manera podemos participar en este pedacito de historia donde nos tocó vivir. 
La imaginación sociológica no es exclusiva de sociólogos, pues puede ser utilizada por quien la necesite. Eso sí, se corre el riesgo de conocer más allá de lo que se encuentra en nuestra zona de confort y volvernos más lúcidos, empáticos y comprensivos con los problemas que aquejan a personas allá afuera. Conociendo mejor nuestro contexto, podemos dirigir nuestras acciones con mayor propósito.  

*Estudiante de Sociología y promotor cultural. 
 

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