domingo, 22 de julio de 2018
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La Noche de las Estrellas, crónica de una verbena popular

El meteoro atmosférico amenazaba con dar al traste al festejo; impediría ver la Luna, las constelaciones, la nebulosa de Orión, los cúmulos de estrellas y galaxias, pero no logró estropear la fiesta científica, cultural y artística

Por Rolando Ísita Tornell*

Eran las 17:30 horas cuando súbitamente el Pacífico nos arrojó a la cara una densa bruma, bajando paulatinamente la temperatura hasta llegar a los 15 grados Celsius. El meteoro atmosférico amenazaba con dar al traste a la Noche de las Estrellas; impediría ver la Luna, las constelaciones, la nebulosa de Orión, los cúmulos de estrellas y galaxias, pero no logró estropear la fiesta científica, cultural y artística. Un sinnúmero de carpas albergaba no menos sorpresas más fantásticas que las fantasías.

En una de ellas, por ejemplo, se invitaba a los invidentes a apreciar el cielo nocturno… ¡cómo, jamás podrán ver el Sol, la Luna y las estrellas! ¡no ven! Y ahí la ciencia mostrando su lado creativo.

Mostrar el Sol, sus manchas solares, las constelaciones, los cráteres o las montañas de la Luna a alguien que no ve, no es demasiado distinto a ingeniárselas para detectar planetas que no se ven, orbitando otros soles, siendo éstos tan pequeñitos y no emiten luz; el astrónomo Wofgang Sttefen en algún momento se ofreció de voluntario y en una escena conmovedora no se sabía quiénes estaban más sorprendidos, si la joven y la señora invidentes o Sttefen esbozando contagiosa sonrisa al descubrir “en Braile”, al tacto, un planeta.

Impactante también una joven dibujante y diseñadora, Alba Esperanza, mostrando sus cuadros y tarjetas postales con motivos astronómicos, vistosas supernovas sorprendentemente representadas con pinceles, aerosoles, acrílicos, óleos; constelaciones del cielo ¡de ambos hemisferios, Norte y Sur! Fiel a su generación, también mostró sus acabados diseñados en computadora.

Largas filas de espera, de veinte en veinte, hasta finalizar con más de 600, y mucha paciencia para disfrutar del espectáculo en el domo digital del planetario de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), y poder apreciar le movimiento aparente de la bóveda celeste, con la estrella polar como eje norte; los planetas del sistema solar siguiendo la “eclíptica” y una narración muy comprensible; como lo eran también las charlas en el auditorio del Centro Estatal de las Artes (Ceart), como los cientos de planetas ya detectados en otros soles distintos al nuestro; cómo funciona la gravedad que nos mantiene pegados al planeta lo mismo arriba que a los lados o de cabeza, y los aciertos y deslices de la película del mismo nombre.

Cencia,  artes y humanidades

La ciencia, las artes y las humanidades forman parte del mismo acervo humano, así que la música de calidad no podía faltar en esta verbena de las estrellas, induciendo ganas de mover el corpachón cadenciosamente con los danzones “de puerto en puerto”; o embelesarse con las sutiles notas sinfónicas del grupo Saxel. Los chiquillos y chiquillas risa y risa, muy atentos, observando el teatro guiñol que les narraba cómo el ser humano pudo ir a la Luna y regresar sano y salvo.

En otras carpas estudiantes, lo mismo del Centro de Investigación Científica y Educación Superior (Cicese) que de la UABC, de astronomía o de nanociencias de la UNAM, pero también de sociedades civiles de divulgación de la ciencia, nos pusieron a todos los visitantes hombres, ancianas, chicas, niños, pequeñas, jóvenes a entender con facilidad y entretenimiento las expresiones del magnetismo, los recovecos de la luz, la certeza de la mecánica y el cumplimiento riguroso y preciso de las leyes del movimiento, la aceleración, la acción-reacción del mismo tamaño pero en sentido contrario; colecciones de rocas contando cada una fantásticas historias del subsuelo del planeta cuya superficie se mueve, tiembla todo el tiempo aunque no siempre nos damos cuenta y las explicaciones sensatas de por qué ha sucedido así, sucede y seguirá sucediendo; la vida de pequeños animalitos sobreviviendo en las profundidades del océano a donde no llega la luz solar.

Pretexto para mirar el cielo

–Oiga, ¿y la “energía” de esas rocas cristalizadas afecta nuestra salud y emociones? -preguntó al geólogo una visitante. -Es más probable que la emoción que te causa mirar los bellos colores y las formas geométricas de estas rocas cristalizadas le de beneficios a tu cuerpo, que esa “energía” de la que hablan por ahí -fue la respetuosa y sincera respuesta del científico a una creencia insustentable.

¿Y los telescopios? Tuvieron que irse a casa temprano, sólo se pudo ver una estrella, la nuestra, desde la tres de la tarde hasta que una pared de bruma fría y húmeda nos fue lanzada por el Pacífico a las 17:30.

¡Pero el público siguió llegando!, hasta cerca de dos mil quinientas personas a las 20:00 horas cuando la fiesta terminó, según cálculos de los organizadores del Instituto de Astronomía.

Y es que por eso es una fiesta de las estrellas, además del pretexto para mirar el cielo nocturno con telescopios, es ofrecer distintas opciones para inducir en la sociedad una cultura científica. Descripciones parecidas se repitieron en 31 estados de la República, en más de 100 sedes de la Noche de las Estrellas.

 

*Periodista y divulgador científico.

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