ANDANZAS ANTROPOLÓGICAS

De agaves, bellotas y piñones

Por Andrea Guía Ramírez*
jueves, 2 de noviembre de 2017 · 00:00

A lo largo del territorio bajacaliforniano se observan numerosos sitios arqueológicos, que son la evidencia de la forma de vida de los grupos humanos en el pasado. Los sitios se encuentran a las orillas de los litorales costeros, en los valles intermontanos y en las sierras; cada uno está formado por diversos materiales, que varían según la zona donde se encuentren ubicados. Material lítico, restos de concha, huesos de peces y de mamíferos, son algunos de los componentes de los sitios arqueológicos. Otro de los materiales que suelen observarse, como parte de los asentamientos humanos antiguos, son los metates, morteros, ya sea elaborados en roca fija o portátiles, y manos de molienda. Asimismo, se han documentado estructuras de cocción, denominadas hornos, potencialmente utilizados para el procesamiento del agave.

Encontrar a los metates y morteros nos lleva a pensar en la importancia que tenían los recursos vegetales en la alimentación -aunque quizás en algunos se procesó más que plantas- y no resultaría extraordinario si observamos la diversidad florística de la península. La parte norte se caracteriza por un clima tipo mediterráneo, con un patrón de lluvias moderadas en invierno y un verano cálido y seco. El tipo de vegetación corresponde a la provincia florística californiana, que de acuerdo a la geomorfología y al gradiente altitudinal podemos observar el matorral costero, el chaparral, las zonas de encino y los bosques de pino.

Aunque pocos estudios se han conducido en los artefactos y/o herramientas arqueológicas para determinar el tipo de plantas que estuvieron procesando en el pasado; las fuentes etnohistóricas y etnográficas son un buen elemento de apoyo para explorar en este tema y otro, lo representan los mismos recursos vegetales.

Un componente primordial del matorral costero es el agave, considerado por diversos investigadores, como un recurso fundamental en el desarrollo de los grupos humanos. El explorador Vizcaíno lo describió como uno de los alimentos básicos en la dieta de los californios; mientras que el misionero jesuita Miguel del Barco, hizo una descripción de la forma de obtención y procesamiento de este recurso, donde las mujeres desempeñaron un papel esencial en la colecta y cocinado. Este recurso quizás fue usado desde hace más de 5000 años, y se le considero un tipo de cultivo natural pues se le puede encontrar a lo largo del todo el año.

De los encinos se obtiene la bellota, que aun en la actualidad los grupos nativos siguen utilizándola para la elaboración del atole de bellota. Fue uno de los alimentos por excelencia, es altamente nutricional y se ha utilizado en diferentes partes del mundo, como parte de la dieta de diversos grupos humanos, donde se le ha consumido crudo, tostado y hervido. A diferencia del agave, la bellota no está disponible todo el año por lo que su colecta solo se realizaba en el verano, tiempo de su maduración. Los árboles de encino se ubican en áreas conocidas como riparias, zonas de influencia de arroyo o río, que además de proveer el alimento, proporcionaban sombra ante las altas temperaturas típicas de la península.

En cuanto al piñón éste proviene de algunas de las especies de pino que se encuentran en la parte alta de la montaña. Al igual que la bellota, es un alimento rico en nutrientes que aporta una gran cantidad de energía, proteínas, minerales y vitaminas. Fue un recurso vegetal muy apreciado, que incentivo a los grupos humanos del pasado a recorrer grandes distancias, desde la costa a la montaña, donde además podían proveerse de otros recursos vegetales disponibles, de los cuales hablaremos en otra ocasión.

* Bióloga

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