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Verse en el espejo de Trump

Por Jorge A. Meléndez
martes, 20 de noviembre de 2018 · 00:00

“Si ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”.

Siempre es mejor aprender en cabeza ajena... y mejor aún en una cabeza naranja. Los rasgos de la Presidencia de Donaldo J. Trump son terribles: intolerancia, cerrazón, desinformación, mentiras, sesgo, bullying, racismo, ignorancia, terquedad, volubilidad y odio.

Me detengo en el último adjetivo: odio. Ya lo hemos dicho en este espacio: vivimos en una era de polarización extrema provocada en buena parte por dos factores.

Primero, la hiperconexión. Smartphones y planes baratos de acceso a datos permiten estar en línea 24-7. Bueno, hasta en China compras un chip con 3 gigas por 30 dólares para estar conectado como en México.

Y segundo, las redes sociales. Un ecosistema sostenido por clicks que nos acerca personas e información que concuerdan con nuestros puntos de vista, reforzando prejuicios y endureciendo posturas.

En este ambiente los líderes pesan mucho. Y Trump se ha encargado de fomentar el odio y la división en la sociedad norteamericana. Utiliza su enorme plataforma de 55 millones de seguidores en Twitter para atacar a sus “enemigos”. Y su odio no tiene medida.

Para muestra el caso de las 14 bombas enviadas a personas y organizaciones que osaron criticarlo. La reacción inmediata de Donaldo fue denunciar el hecho: “No es aceptable y debemos de estar unidos como nación”. O algo así.

¡Ja! Jarabe de pico. Apenas unas horas después arremetió de nuevo contra los medios con su sonsonete de que “son el real enemigo del pueblo”. De locos, él fomenta la violencia, sus fans actúan, dizque pide perdón... e inmediatamente vuelve a echarle gasolina al fuego.

¿Sabe qué? Hay ciertos paralelismos con ya saben quién. Para Trump son los enemigos del pueblo. Y con López Obrador es “la prensa fifí”, “los camajates” o “la mafia del poder”.

Por eso vale la pena vernos en el espejo de Donaldo. Para entender cómo fue que Estados Unidos terminó donde está hoy. Aunque Trump no fue el originador de estas dinámicas divisivas, claramente las potencia. Para mi ésta es la receta naranja:

1. Identificar una base relevante de votantes.
2. Elegir argumentos simplistas que resuenen con esa base.

3. Evitar cualquier debate o discusión argumentada.

4. Manejar información convenencieramente o, peor, mentir.

5. Descalificar e insultar a críticos, haciéndolos enemigos de la base.

6. Gobernar como si se estuviera en una campaña electoral permanente.

Un coctel dañino que envenena a cualquier sociedad.

“Nos están impartiendo una maestría en odio. Ha pasado de ser la emoción que se suprimía a la que no podemos ignorar”, explica Nancy Gibbs, profesora de Harvard en un artículo reciente.

La ex editora en jefe de la revista TIME explica el efecto perverso del liderazgo tóxico de Trump y advierte que la única respuesta proviene de la sociedad: “Si el opuesto al amor no es el odio sino la indiferencia, entonces el antídoto al odio es la participación”.

Totalmente de acuerdo (relea Saving Mexico II). Y reflexione esto: si los efectos de la receta naranja son tan destructivos para una democracia tan madura como la estadounidense, ¿qué tanto más lo serían en México, donde los contrapesos son mucho más débiles?

Otra de las consecuencias de la receta es que se ignoren los hechos factuales (y a las opiniones de expertos... como MITRE, Andrés).

“Sus mentiras son tan temibles y efectivas que muchos de sus seguidores creen en su palabra ciegamente”, señala The Economist.

El semanario explica que a Donaldo le encanta esto, porque si nadie es confiable, no le pueden pedir cuentas. Y luego lanza una sentencia fatídica: “La democracia deja de funcionar cuando el debate razonado pierde poder para decidir una discusión”. ¡Ufff!

No creo que López Obrador sea igual a Trump y sus ataques a adversarios hasta ahora han sido menos virulentos. Peeero también habría que ver que es muy temprano para que Andrés se enoje tanto y que va a tener mucho más poder relativo que Donaldo.

Por eso habrá que estar vigilantes. Vernos en el espejo del vecino narcisista para que no se lo preste a nuestro mesías tropical. Abandonar la indiferencia antes de que el odio nos ahogue.

En pocas palabras…
“Nadie vendrá a salvarnos. Tendremos que hacerlo nosotros”.

Nancy Gibbs, periodista estadounidense.

benchmark@reforma.com

Twitter: @jorgemelendez
 

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