PROYECTOVINO

“La hielera de mi papá”

Por Araceli Velázquez Córdoba
jueves, 22 de noviembre de 2018 · 00:00

Nunca les he platicado el como es que una diseñadora publicitaria sin ningún tipo de experiencias en ninguna bebida alcohólica es que llega a enamorarse de la industria vinícola. Fue hace casi 5 años. Amigos míos tomaban un curso en sommeliers, cada sábado salían de su clase platicando cada una de las anécdotas de ese día, del maestro, del maridaje del día y obviamente de los vinos que degustaban, yo escuchaba con muchísimas dudas, casi no entendía nada.

El curso duró aproximadamente un año y se iba tratando del vino por regiones del mundo, para la última clase, el maestro había dejado el hablar de la zona de Champagne, obviamente cerrarían con broche de oro al degustar esta maravillosa bebida burbujeante de la región de Francia.

Lo único que yo conocía del tema era el Champagne que le gustaba a mi papá y él, como en cada celebración, una botella de Dom Perignon se ponía a enfriar en una hielera de metal de piernas largas que quedaba a la orilla de la mesa y la cual se preparaba con hielo, agua y sal; sabía esto por que me parecía una cosa preciosa el que esta bebida tuviera su propio “modo de preparación”- según yo. Además de que al abrirla y servirla era completamente distinto a todo lo demás y mi padre lo disfrutaba mucho con sus amigos.

Cuando mis amigos empezaron a hablar de su último día de clases mencionando que no todos los vinos espumosos son Champagne y la forma correcta en que se debe de abrir la botella (no dejando salir volando el corcho y junto con él un cuarto de la botella), dijeron que el maestro la había sacado de la “cubeta” – No hielera, cubeta- interrumpí, no podía creer que durante todo el año que habían esperado para estudiar la región francesa y en específico la zona de Champagne, creando toda una espectativa y próxima felicidad al llegar a degustar las burbujas, el profesor no hubiera tenido el gusto de conseguir una hilera para enfriar lindo y correctamente esta deliciosa bebida, simplemente no lo podía creer.

Me quejé y de mi queja y de mis muchísimas dudas fue que surgió la idea de ver como es que se podía crear, de forma correcta y por que no, linda, cultura del vino. Siempre digo 2 cosas: No tenemos por qué saber de vino, no tenemos por qué saber que la Merlot, la Grenache y la Malbec, son uvas, no tenemos por qué saber la temperatura adecuada para abrir una botella ni las casas vinícolas, ni las regiones, mucho menos los sabores y aromas. La otra cosa que digo siempre, es que cuando uno está estudiando en la escuela, tomando apuntes de cuándo se hizo la Torre Eiffel, para qué se hizo y quién la hizo, te aprendes los datos tras estudiarlos para el examen, pero cuando viajas a París y estás parado en frente de esa majestuosa obra, lees una vez los datos y se te quedan en la mente para siempre

¿Por qué? Porque lo estas viviendo, por que estás ahí y los datos y la historia está siendo parte de tu sentir y de tu apreciación. Así me pasó a mí, no sé muchísimas cosas de vino, pero lo poco que se fue porque lo vivo, porque uno de mis hobbies es escuchar las historias detrás de cada botella de vino existente, sobre todo si los mismísimos creadores son los que te lo están platicando. Parece mentira pero es verdad, yo soy un ejemplo de ello. Cada que visito una zona vinícola abro mis oídos, mi mente y casi siempre la historia se vincula conmigo de alguna forma y al conocer lo todo lo que existe en esta industria, es que quieres saber más y descorchar más y compartir más.

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