BAJO PALABRA

En tierra

Por Hadassa Ceniceros
viernes, 23 de noviembre de 2018 · 00:00

Me contó una señora de nombre Concepción a la que siempre llamaron “Chonita” (no supo por qué) que en su recorrido por varias –muchas- casas- oyó muchas historias, de esas que lo hacen pensar, de las que le ponen chinita la piel, de las que a veces dan miedo, otras, tristeza y muchas, sonrisas.

Edelmira llegó al puerto pequeñita, eran ella y su hermano Miguel que todavía no caminaba. Su madre aún lo arrullaba en brazos para dormir, las canciones que susurraba dormían al pequeño y a la niña mayor al mismo tiempo.

Inició su tiempo escolar con niños de su edad, desde que llegó a primer año de primaria, ella recuerda, algunas amiguitas hablaban de que su papá estaba “en tierra” cosa que a ellas las tenía muy felices. La niña no sabía lo que esa expresión significaba. En la comunidad pesquera en la que vivían decir esto, era familiar.

Los atardeceres de septiembre y octubre eran largos y llenos de luz. Caminando por la pequeña colina frente al mar, era una costumbre detenerse en las caminatas vespertinas, sentarse en las piedras y ver llegar las embarcaciones en su retorno a la costa. A veces, estos momentos coincidían con el regreso de algún barco atunero y el júbilo de algunos de los niños era grande, llegaba el padre o el abuelo, corrían colina abajo hacia sus casas, la mayoría de ellas en la rivera. Edelmira quedaba sola en la colina, sentada sobre una gran piedra miraba los colores del atardecer, el naranja, el rojo y el amarillo se mezclaban como en la paleta de un pintor para dar el tono perfecto sobre el mar hasta perderse, pensaba la niña en su padre y esperaba verlo llegar no por el mar sino por la carretera, con su morral al hombro y muchas historias para contar.

Cuando creció un poco más, su madre le explicó que los padres de sus compañeras eran pescadores o trabajadores de barcos, que pasaban mucho tiempo en el mar así que cuando llegaban al puerto le decían “llegar a tierra”. Su padre estaba trabajando en un campo agrícola al sur de la ciudad. Cuando comentaban algo en relación a sus familias, Edelmira decía que su padre pasaba mucho tiempo en tierra. Los niños sonreían.

Los tiempos eran buenos, dice Chonita que así lo recuerda. Los padres miraban en sus hijos la promesa de caminar por la vida un poco más allá que ellos. Estudiar era un propósito que los adultos deseaban para los menores. Los ciclos marcados por los tiempos escolares eran también ciclos familiares: septiembre con la ilusión que brindaban los libros y cuadernos nuevos, fin de año, vacaciones de invierno, navidades, fin de año, después regresar a la escuela, de ahí hasta la primavera, el 21 de marzo, fiestas escolares, bailables, participaciones artísticas. Había entusiasmo y participación de las familias en eventos que siendo de la escuela, se convertían en la ocasión para encontrase, estrenar ropa nueva, peinarse en salones de belleza. Después de esto, apurarse en repasar las clases para estar preparados para exámenes de fin de año, otra vez la emoción de pasar de año, de ser grandes por seguir en el grado siguiente.

Los padres se embarcaban por tiempos cortos, los trabajadores del campo se ocupaban en los ciclos de la tierra.

Estar en tierra o llegar a tierra siempre ha sido un acontecimiento.

hada5.ceniceros@gmail.com


 

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