DE NIÑOS Y OTROS ENREDOS

Cómo funciona el abuso de antibióticos

Por Dr. Enrique Sicardi Aragón
jueves, 06 de diciembre de 2018 · 00:00
Para muchas instancias nacionales e internacionales es una preocupación el tema de “resistencia a los antibióticos” que desarrollan las bacterias y esto, es debido al abuso: indolente, inconsciente e irresponsable que se hace por el mal uso de los mismos, muchas de las veces debido a ignorancia o mal conocimiento y, lamentablemente, muchas veces motivado por algún interés personal directo o indirecto.

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OECD, por sus siglas en inglés) de la cual México forma parte, publicó un comunicado el 11/07/2018: las infecciones bacterianas podrían costar la vida de aproximadamente 2.4 millones de personas en Europa, América del Norte y Australia durante los próximos 30 años, a menos que se haga más para detener la resistencia a los antibióticos. Sin embargo, tres de cada cuatro muertes podrían evitarse gastando sólo USD 2 por persona al año en medidas tan simples como el lavado de manos y una prescripción más prudente de antibióticos.

La población de mayor riesgo es para aquellos en los cuales su inmunidad está comprometida: ancianos, bebés no alimentados al seno materno, niños de guardería, mal nutridos, deprimidos, trasplantados o cualquiera que tenga alguna enfermedad crónica. Hemos llegado a estos niveles de peligro a la integridad de la salud por diversas razones.

Motivos de total índole comercial: han surgido infinidad de consultorios anexos a farmacias de cadena, los cuales, su principal objetivo es vender sus “no tan necesarios productos”, ofertando la consulta a precio mínimo o inclusive gratis, así mismo para competir, los productores o distribuidores brindan paquetes de antibióticos a precios bajos. La promoción que realizan entre consultorios y hospitales, cautivan a los médicos y muchas de las veces ofrecen regalías indirectas por la prescripción de sus productos.

Muy frecuentemente, tanto en las instituciones como en la medicina privada, el médico ante la menor señal de fiebre, catarro, diarrea o cualquier otro síntoma, prescribe antibiótico, aún sin tener evidencia de algún proceso infeccioso de índole bacteriano. Fármacos como el Trimetropin con Sulfametoxasol, Amoxicilina, Ampicilina, Ciprofloxacina, Ceftriaxona, etcétera, son usados desde los primeros síntomas de “algo” aunque tal, no justifique su uso.

Si un paciente acude por un cuadro agudo y le recetan antibiótico más otros tantos fármacos, el paciente aprende que requiere de la sabia (?) recomendación de su médico para curarse. En otro panorama: si al paciente le enseñó que con reposo, dieta y cuidados generales puede ser suficiente para su curación, es probable que en otra ocasión similar, tome tales medidas y no requiera consulta, eso, a muchos médicos no les conviene, mejor enseñarlos a que requieren fármacos y así no dejen de acudir a consulta.

Tal cual, es como los pacientes se acostumbran que: tos, mocos, flemas, fiebre, diarrea, etcétera, requieren antibiótico, y cuando se le dan medidas “no farmacológicas” de control, su primer pregunta es ¿no le va a dar antibiótico? y en ocasiones salen hasta molestos o decepcionados.

La industria alimentaria, en especial la cría de ganado, también participa en este problema, ya que a fin de evitar contagios, suplen sus poco higiénicos cuidados con dosis generalizadas de antibióticos y la carne de dichos animales es consumida por el humano y contribuyen a alergias o resistencia a los antibióticos.

En el mismo comunicado de la OECD recomiendan como unas simples medidas a tomar: promover una mejor higiene, poner fin a la prescripción excesiva de antibióticos, pruebas rápidas para que los pacientes determinen si tienen infecciones virales o bacterianas, retrasos en la prescripción de antibióticos y campañas de medios masivos de comunicación, podría contrarrestar una de las mayores amenazas para la medicina moderna.

La inmensa mayoría de los problemas agudos requieren para su control medidas de tipo general, los fármacos son secundarios. Desgraciadamente, es más fácil dar un fármaco que cuidar, lavar, aspirar, evitar guardería, etcétera. Los padres de hoy piden remedios milagrosos, esos, solo los promueven los charlatanes o engañadores. Aun en problemas crónicos, una buena dieta, ejercicio, estilos de vida saludables, reportan gran beneficio que solo el uso de los medicamentos.

Los antibióticos, han sido un gran recurso y por su mal uso, están cayendo en un gran fracaso, estamos a punto de perder la batalla contra las superbacterias y otros microorganismos.

*Médico pediatra representante de Aprolam BC

sicardi53@gmail.com

Comentarios