ANDANZAS ANTROPOLÓGICAS

El galeón fantasma de Ensenada

Por Profr. John Joseph Temple*
jueves, 06 de diciembre de 2018 · 00:00
Al Centro INAH Baja California llegan con alguna regularidad noticias de barcos hundidos en las cercanías de nuestro puerto. En una ocasión, incluso, vino un buzo dedicado a rescates de barcos y aviones hundidos, a denunciar que había encontrado el mascarón de proa de un velero justo en la Bahía de Ensenada. Era una noticia interesante, pero poco creíble, ya que no se tenía noticia histórica de un caso así. No obstante, ya no volvió, y nos quedamos con la duda del relato.

Por eso, cuando conocimos el caso de los restos de un galeón en las costas del Océano Pacífico de nuestro municipio, no dejó de haber algo de escepticismo.

Sin embargo, nuestra sorpresa fue grande al comprobarse, por el material recuperado, que correspondía a un galeón de la segunda mitad del siglo XVI, especialmente por el tipo de porcelana presente, cuya evolución estilística es un buen indicador de tiempo. También había restos de unas ollas grandes de cerámica de alta temperatura, llamadas martabanes, en las que se podía almacenar agua, aceite o vino para el viaje de regreso o tornaviaje, a Acapulco.

Se recuperó cera, la cual era muy cara en la Nueva España por estar sujeta al monopolio real, de la cual la nave contuvo una enorme cantidad, dispuesta en cajones rectangulares con asas metálicas. Mucha de esta carga ya estaba deteriorada y fragmentada.

Otra de las partes más interesantes es la que se refiere a la cubierta del casco, hecha de plomo, y que protegía la madera del barco de los teredos, bivalvos xilófagos que, al alimentarse del casco del barco, producían perforaciones que lo anegaban, y ponían en peligro de hundirse. Varios fragmentos de esta protección metálica han sido recuperados.

No se encontraron, como es de suponerse, materiales orgánicos como sedas, lacas o muebles de madera.

Con detectores de metales se rescataron también un astrolabio, parte de la brújula y una moneda muy deteriorada, que ha sido mandada a electrólisis para poderla identificar; un incensario de cobre con un León de Fo, y un plato con decoración cloissoné, muy importante decoración aún muy utilizada en China.

Sin embargo, la única noticia que tenemos de este naufragio fue de casi dos siglos después, en que el padre Fernando Consag relata el hallazgo de estos materiales y llama la atención sobre unas ollas grandes que llamaron la atención de los indígenas, que han de ser los martabanes.

En los registros de salida de Filipinas no hemos podido identificar el barco encontrado, pese a que había un registro exhaustivo de las salidas, excepto en los casos de contrabando, que pudo haber sido este caso.

Es posible que la tripulación haya muerto antes de que encallara el barco, pues no se sabe si construyeron una balsa. Tampoco se han hallado entierros, y las tradiciones indígenas sobrevivientes en la época misional temprana no dan cuenta de una tragedia como ésta.

Suponemos que ocurrió, como en otros casos documentados, una epidemia de peste, o que, debido a lo largo del tornaviaje, hubiera un brote de escorbuto que impidiera físicamente la maniobra del galeón, y que encallara con la tripulación debilitada, o prácticamente muerta, en el sitio en el que fue encontrada la nave.

No sería la única vez que sucedía en los 250 años de los viajes del galeón entre Nueva España y Filipinas.

Próximamente se exhibirán los restos de este barco en el Museo Histórico Regional de Ensenada, los esperamos.

*SG/ Inv. CINAH-BC

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