POR SI LAS MOSCAS

¿Psicología inversa?

Por Laura Monzón
viernes, 23 de febrero de 2018 · 00:00

El lunes pasado, la Marina Armada de México anunció con bombo y platillo la captura de José Alfredo Cárdenas Martínez, el Contador, presunto líder del Cártel del Golfo y sobrino de Osiel Cárdenas Guillén.

Todos aplaudimos el buen trabajo de la benemérita institución y jurábamos que el susodicho quedaría encarcelado de por vida. Sin embargo, resultó lo contrario.

La esposa del imputado presentó videos de las cámaras de vigilancia de su domicilio, en los que se ve llegar a los marinos, desconectar cámaras, meterse a la casa sin una orden de aprehensión y sacar al presunto, muy alejado de la versión oficial de que lo habían arrestado en la calle, por conducir con exceso de velocidad y traer en el vehículo armas y drogas.

Las pruebas fueron contundentes para que un juez de control argumentara que la detención fue ilegal y desestimara el caso. José Alfredo Cárdenas Martínez, el Contador, salió del reclusorio y se fue muy campante de regreso a su dulce hogar.

En México sucede algo parecido a la técnica desarrollada por el psiquiatra y neurólogo austriaco, Viktor Frankl, llamada psicología inversa: realizar acciones contrarias a las esperadas con las que se logra obtener el resultado deseado, para que la gente crea que se hace, cuando en realidad no se hace.

Pareciera que la detención del Contador fue planeada de esa forma a propósito, para que el juez lo dejara en libertad por lo absurdo del operativo. Así, las autoridades nos hacen creer que trabajan, cuando en realidad nos están dando “atole con el dedo”.

¿Será que el mismo método está usando el eterno candidato a la presidencia, Andrés Manuel López Obrador?

Luego de tirarle hasta con el molcajete al neoliberalismo depredador, y bautizar a Carlos Salinas de Gortari como “el innombrable”, ya saben quién decidió formar un gabinete de lujo con personajes corruptos y allegados a la “mafia del poder” que tanto ha criticado.

Además, se le ocurrió meter en la lista de los senadores plurinominales, al líder minero con orden de aprehensión y exiliado en Canadá, Napoleón Gómez Urrutia.

Tuvo a bien decir que México necesita una Constitución moral, lo que sea que eso signifique, para hacer de nuestro país una “república amorosa”.

Por si fuera poco, se comenta que familiares de Elba Esther Gordillo apoyan su candidatura y se rumora que López Obrador visitó a la ex líder sindical en su penthouse de Polanco.

Para rematar el pastel con la cereza, siempre dijo que sí a la reforma energética que tanto denostó, porque según su asesor económico, Alfonso Romo, las licitaciones realizadas son buenas para el país y están bien hechas, por lo cual el salvador de México no nacionalizará ninguna compañía si llega a sentarse en el trono aterciopelado de Los Pinos.

Toda esta bipolaridad emergida de las profundidades de la mente “oximorónica” de López Obrador ha hecho que la mayoría de sus fieles partidarios sientan que les están viendo la cara.

Si estas estrategias tan incoherentes no son para dejarle la vía libre a José Antonio Meade en su camino a la presidencia, entonces no sé qué sean.

Parece que a López Obrador le está pasando lo mismo que a los perros que corretean autos: cuando los alcanzan no saben qué hacer y dan media vuelta. Ya se dio cuenta de que ahora sí puede ganar las elecciones y, si eso sucede, ¿qué va a hacer?

Sabe que es más cómodo cuidar su imagen impoluta de mesías ungido, eterno antagonista del sistema, y seguir recibiendo dinero de quién sabe dónde, que volverse un mandatario criticado y odiado a mitad del sexenio, porque no va a poder cumplir las promesas emitidas durante sus doce años de campaña.

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