ECONOMÍA Y POLÍTICA

Fútbol y política

Por “Todas las cosas fingidas caen como flores marchitas, porque ninguna simulación puede durar largo tiempo”. Marco Tulio Cicerón (Jurista, político y filósofo romano)
martes, 27 de febrero de 2018 · 00:00
Rolando Daniels Pinto

Guste o no, la gran masa social en México es novelera, futbolera y mitotera, y en eso se basa la oferta programática de los grandes medios masivos electrónicos de comunicación; las telenovelas cubren buena parte de la barra programática, y hasta el cansancio incluyen canales que retransmiten añejas telenovelas; por su parte los programas de chismes de la farándula y los talk show tienen gran audiencia.

El futbol también tiene una teleaudiencia nada despreciable, más para efectos de este artículo será comparado con la función pública en virtud de ser cuestionado en tiempos recientes en sus resultados, transparencia, engaños, corrupción e impunidad e incluso en cuanto la ética y honestidad de sus actores.

Sin duda, el futbol es uno de los más importantes distractores de las masas sociales en México y el mundo; es un entretenimiento mediante el cual muchos desfogan tensiones, estrés, el cansancio de la vida cotidiana y la jornada laboral, incluso es un pretexto para la convivencia familiar y entre amigos; genera afición a diversos equipos -algunos más y otros menos- y la rivalidad entre sus seguidores.

Desafortunadamente, en tiempos recientes esta rivalidad futbolística tiene episodios de violencia en virtud de la descomposición social y también como consecuencia de la frustración de la ausencia de resultados, sobre todo en los equipos de mayor afición, abolengo y presupuesto en la liga mexicana.

Pero lo sucedido recientemente con la selección integrada por jugadores profesionales mexicanos -muy lejos de ser un verdadero representativo nacional- en el torneo Copa de Oro de la CONCACAF, exhibe las malas prácticas del futbol mexicano y del futbol internacional, prácticas hoy investigadas por el FBI.

No sólo son los penaltis marcados a favor de la selección enviada por el futbol mexicano, sino desde el origen cuando los grupos fueron integrados por designación no por sorteo, como usualmente se hace, con una ausencia de transparencia, exhibiendo una intencionalidad más comercial y no tanto deportiva, tratando de inducir un partido de campeonato entre los jugadores estadounidenses y los mexicanos.

Pero el ridículo deportivo mostrado hasta la fecha por los futbolistas mexicanos -al momento de escribir esto aún no se juega el partido por la final, pero el resultado ya está marcado por la mediocridad- tiene un origen muy similar al presentado en el ámbito político: la ausencia de resultados deviene cuando las personas se distraen de su función sustantiva para dedicarse más a su promoción personal.

El entrenador y los jugadores se distraen grabando comerciales y apareciendo en programas de la farándula en la TV, perdiendo la noción de su compromiso profesional: jugar bien al futbol y ganar el torneo. Así, hay políticos más preocupados por el culto a su persona y aparecer sonrientes en los medios de comunicación, soslayando su función sustantiva: generar resultados eficaces de su gestión.

Y así, algunos creen tener méritos para el balón de oro y otros para ser candidatos. Pero tanto en el futbol y la política mexicana la simulación y el engaño parecen estar hartando a la masa social. ¿Será?

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