EL GABACHO GACHO

Cómo gané la lotería

Por Le Roy José Amate Pérez*
miércoles, 14 de marzo de 2018 · 00:00

Me mudé a Ensenada, en 1985. Siempre me refiero a este como “El mejor movimiento” de mi vida. He vivido en Nueva York, San Francisco, Chicago, Puerto Rico y las principales ciudades canadienses. Para mí, Ensenada es la mejor.

Después de llegar a Ensenada, yo digo: “Gané la lotería en llegar” a este cuidad. Me enamoré y me casé con Xóchitl, ensenadense desde chica. La lotería que gané es la familia de Xóchitl. Mi suegra, que se acaba de celebrar los noventa años: “No me llames abuela, llámame Amparo”. Y catorce cuñados.

Soy gringo, entonces me gusta echar demasiada crema a mi propio taco, por eso mismo yo declaro con mi suegra que yo soy el mejor de todos sus yernos y que merezco ser su favorito. Al principio ella no captaba mi sentido de humor. Ahora, las bromas entre ella y yo no paran. Lo que veo en ella es la fundación de todos los valores que mantienen como familia y un buen sentido de humor.

No es la cantidad de hijos lo que hace especial a mi familia, es la calidad de seres humanos que resultaron ser. A lo largo de las tres generaciones que he conocido, ninguno de ellos es una “mala manzana”. Contradiciendo la verdad de que “siempre hay una manzana podrida en cada familia”. Todavía no encuentro esa manzana podrida entre ellos.

Es notable, realmente asombroso para mí, cuánto disfrutan entre ellos. La envidia y la codicia que he visto en muchas familias, no he visto entre mi familia mexicana.

La prueba más grande sobre la unidad de una familia es cuando hay una crisis que afecta a uno de ellos y cómo reaccionan lo demás. Ninguno de la familia es rico, pero si uno de ellos necesita una apoyo económica, todos ayudan.

Mi cuñado tiene un hijo que nació con necesidades especiales. La familia le ha dado un amor muy especial, a este joven tan especial. El amor que le han brindado se refleja en su personalidad, es una persona llena de felicidad y amor reciproco para toda la familia.

Lo que es más notable en estos tiempos de abusar drogas, los millenials entre mi familia, no han sucumbido a las adicciones. Además, la tradición de respeto por sus mayores continúa con las nuevas generaciones. Estos jóvenes me dan optimismo sobre el futuro potencial del hombre para el bien.

Cuando la familia está junta (casi siempre), no se puede confundir el amor que sienten el uno por el otro. Se ríen, se burlan de sí mismos y de otros miembros de la familia, pero nunca lo hacen con malicia. Nunca he visto a ningún miembro de la familia siendo el blanco de bromas o críticas de comportamiento que se convirtió en acritud. Esto existe en casi cualquier grupo de personas, pero no en mi familia.

Una de mis observaciones de los padres jóvenes, es que nunca suben sus voces para regañar a sus hijos chiquitos, ni los maltratan físicamente. Esta es otra señal de que son exitosos de una generación a otra. No necesariamente exitosos en términos económicos. Exitosos en ser buena gente y positivos con todas las mejores intenciones.

Uno de los principales valores que me hace feliz al formar parte de esta familia, es que no juzgan a otros y respetan a los demás. Como yo, un extranjero sarcástico y cínico hablando “pocho”. Mi sentido del humor es tan oscuro como el barrio en el que crecí. Yo siento que mi familia me ama sin condiciones. ¡Wow! eso dice mucho. Porque sí, soy un Gabacho Gacho.

Gracias Amparo, de regalarme su compañía y de sus hijos que criaste. Te felicito de nuevo.

*locutor y productor de Soul Street, Calle de Alma. 92.9fm Ensenada. Internet-
www.929fm.com, Jazz, Blues, Soul, Jazz Latina, todos los Domingos 8:30 pm.
 

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