ANDANZAS ANTROPOLÓGICAS

Los niños cazadores-recolectores

Por Mtra. Martha Elena Alfaro*
jueves, 15 de marzo de 2018 · 00:00

“Un, dos, tres por mí y todos mis compañeros”.

Se reconoce en múltiples fuentes etnohistóricas y etnográficas que el modo de subsistencia cazador-recolector se basa primariamente en el trabajo colectivo de pequeñas bandas familiares en continuo movimiento a lo largo del año. El análisis de su cultura material suele enfocarse en la producción adulta, especialmente masculina. En raras ocasiones se plantea a los niños como dinámicos actores sociales o se les llega a dotar de visibilidad en el registro arqueológico.

Politis propone, con base en observaciones etnográficas, que los niños son generadores de materiales registrables en contextos arqueológicos de campamentos temporales por medio de algunos “juguetes”, los cuales, en el análisis suelen considerarse material de desecho o artefactos elaborados por adultos novatos; existiendo la posibilidad de que sean subestimados en la interpretación tradicional. Asimismo, la información sutil contenida en los documentos históricos sobre el cuidado infantil y su participación en actividades cotidianas (analizados a la luz de la información etnográfica y bioarqueológica) facilita el entendimiento de estrategias adaptativas biológicas y culturales que les permitían lograr un equilibrio con el medio ambiente, asegurando así la supervivencia.

En el caso de la antigua California, algunos misioneros refieren problemas de infertilidad de las mujeres y mencionan el aparente descuido de los niños por los padres, acusándolos, por ejemplo, de dejarlos ir solos apenas iniciaban el caminar o la “terrible” práctica de infanticidio en épocas de escasez de alimentos. Esos mismos escritos nos muestran también la importancia de los niños para el grupo social y así como puntos clave de estrategias de adaptación. En sociedades contemporáneas de este tipo es posible observar que la fuerte carga de trabajo de la mujer y una baja ingesta alimenticia, repercute en un período reproductivo más corto (menstruación más tardía y menopausia más temprana), así como en la presencia de abortos espontáneos, dando como resultado una baja fecundidad.

Los antiguos californios cortaban el cordón umbilical del recién nacido con un pedernal, cubrían el cuerpo con cenizas y lo “bañaban” en una especie de temazcal, estas acciones buscaban calentar al menor para evitar enfriamientos y prevenir enfermedades. Los niños pequeños suelen acompañar a la madre a recorridos cortos de recolección, ya sea sobre sus hombros, montados sobre su cadera o mediante una especie de cuna de red recubierta de hierbas finas o pieles para no lastimarlos. Los menores de siete años recorren juntos los alrededores dentro de una distancia máxima establecida para ser escuchados desde el campamento. En estas breves exploraciones juegan, imitan y reproducen, de forma lúdica, actividades complejas de adultos que les permiten practicar y perfeccionar habilidades sociales y físicas. Circular aparentemente “sueltos”, no significa que no fueran vigilados por el grupo de adultos.

Entre los ocho y doce años, ocurren procesos rituales importantes en los que pasan por la pubertad y son “reconocidos” socialmente. Antes de esto suelen ser conocidos con nombres genéricos en su lengua equivalente a: niño o niña. Hasta este momento se les asigna un nombre propio característico y que comienzan a aprender actividades específicas asociadas a su sexo y lugar dentro del conjunto social. Alrededor de los 15 años son ya miembros económicamente activos y participan en múltiples tareas, (es notorio el desarrollo muscular de individuos de este rango de edad en poblaciones arqueológicas).

Expongo aquí apenas un punto inicial para la reflexión sobre el papel de los niños en sociedades cazadoras-recolectoras que habitaron la península, sin embargo existen innumerables elementos que discutidos bajo este enfoque nos permitirían entender de forma más integral estas antiguas poblaciones.

*Investigadora del CinahBC-BCS

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