BAJO PALABRA

Desvelo

Por Hadassa Ceniceros
viernes, 16 de marzo de 2018 · 00:00

Son las 11.50 de la noche, se aproxima la hora temida de cada día, hay que dormir. La cita puntual para confrontarme con mis fantasmas.
Soy la que habita el mismo cuerpo cada día.
La que viste de largo y camina entre luces y sombras.
Soy quien conoce sin miedo soledad y abandono.
He inventado mis miedos sin guías ni advertencias.
He llorado sin lágrimas muertes y males del alma.
Llevo un cuerpo marcado por filosas navajas y llevo también
las huellas de cientos de agujas sanadoras
Recuerdo, a mi pesar, más de un dolor lejano.
Sigo con el mismo miedo al viento de invierno silbando en las rendijas
de una habitación precaria
lloro al mirar en mi memoria el rostro sorprendido y triste
de un joven a quien dije un adiós irremediable
cargo con pena alguna acción innoble de la infancia
no puedo dormir
no sé contar ovejas
los ruidos nocturnos me acompañan: gatos en el tejado
sirenas de ambulancias
la respiración profunda de mi esposo
el ritmo del corazón en mis oídos.
Uno, dos, tres, trescientos, sin fin
una píldora blanca y diminuta, dos tal vez
mi sueño viene en frascos transparentes.
Cierro los ojos, busco imágenes tranquilas
pienso en tiempos de fiesta, abril, mayo, noviembre, diciembre
verano completo, y luego enero de nuevo, siempre nuevo
el amor siempre presente con nombres, con rasgos de esperanza
con alegría y ahora con paciencia, aún para evocarlo.
Finalmente duermo, poco a poco, en medio
del torbellino de imágenes me domina ya el sueño y
d u e r m o.

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