LA MARAÑA CÓSMICA

Guillermo Haro, nuestro astrónomo global

Por Rolando Ísita Tornell*
lunes, 26 de marzo de 2018 · 00:00

El día de la entrada del Equinoccio de Primavera, 21 de marzo, a los internautas el motor buscador Google los recibió con un “doodle” (una alteración temporal del logotipo de su página principal) con la constelación de Orión y sus tres estrellas características adornando una imagen de Guillermo Haro, con motivo del 105 aniversario de su nacimiento.

Haro fue quien llevó a la astronomía que se hace en México a nivel de competencia internacional, de ir más allá de la mera observación y posición de los astros, para meterse en la naturaleza íntima de su existencia, a detectar otros fenómenos del cosmos que no dejan de sorprendernos, como los potentes objetos que llevan la mitad de su nombre: Herbig-Haro.

Se trata de unas pequeñas manchas nubosas luminosas, que se forman muy cerca de estrellas recién “nacidas” que lanzan concentrados chorros (jets) que impactan a la enorme velocidad de la luz con nubes de gas y polvo de sus alrededores.

Guillermo Haro tenía un carácter fuerte, de locomotora, gracias al cual movía a las densas maquinarias institucionales para lograr sus proyectos de investigación astronómica, de la que se beneficiaron las primeras camadas de investigadores en astrofísica.

Fue director del Instituto de Astronomía de la UNAM, institución que el año que le otorgaron su autonomía académica y administrativa, 1929, le encargaron la operación y desarrollo del Observatorio Astronómico Nacional. Durante su gestión, Guillermo Haro logró que el gobierno destinara recursos para las modernas instalaciones del observatorio en Tonantzintla, en el Estado de Puebla. Lamentablemente el desordenado crecimiento de la ciudad de Puebla, Ciudad de México y de la misma Cholula, dieron al traste con la calidad del cielo nocturno.

Ni tardo ni perezoso, Haro se puso a buscar alternativas y dio con la cima de la Sierra de San Pedro Mártir, en Ensenada, Baja California, la cual exploró a caballo. Una vez más, sacudió la espesa masa de toma de decisiones gubernamentales y universitarias para reubicar el Observatorio Astronómico de la Nación en nuestra Ensenada, uno de los cuatro lugares en el planeta con la mejor calidad de noches transparentes, secas y casi sin turbulencia atmosférica al año.

El Instituto de Astronomía a Haro ya no le alcanzó y fundó entonces el Instituto Nacional de Astrofísica Óptica y Electrónica en Tonantzintla, Puebla, custodio de uno de los radiotelescopios más grandes del mundo, el Gran Telescopio Milimétrico.

¿Tenía que ser una empresa multinacional estadounidense la que destacara su reconocimiento al astrónomo mexicano en su portal global? ¡Tenemos que cambiar!

*Comunicación de la Ciencia UNAM-Ensenada

risita@dgdc.unam.mx
 

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