CARACOL: UN MUSEO PARA TI

Monstruos marinos

Por Dr. Adán Echeverría-García*
sábado, 31 de marzo de 2018 · 00:00

Hasta hace unos meses aún me encontraba analizando isótopos estables de carbono de compuestos orgánicos en muestras de agua de mar traídas del Golfo de México con la finalidad de encontrar la huella de alguno de los múltiples petróleos que se extraen o se derraman en dicha zona. Para eso y más se han establecido procedimientos científicos al establecer metodologías conocidas como Forénsica Ambiental, que permitan conocer qué elementos o compuestos contaminan los recursos naturales, cuáles son sus fuentes, y determinar incluso procesos de restauración ambiental.

Pero no hay que ir demasiado lejos en la ciencia para observar la contaminación ambiental de los arroyos, ríos, estuarios, playas, mares y océanos. Baste tomar una muestra de agua marina, y ponerla bajo el microscopio. Ya en alguna película de los años sesenta: “Cuando el destino nos alcance”, nos hemos asustado cuando en dichas muestras de agua, los científicos no observaban “nada de vida”, ningún microorganismo, porque todo en el mar había muerto. Y desde entonces poco o nada hemos reflexionado sobre el daño a los ecosistemas marinos, por los procesos socio-culturales de nuestras poblaciones humanas.

De nada nos seguirá sirviendo los “Comités de Playas Limpias” y sus sesiones, fotografías en la prensa, acuerdos e incluso normativas que llegarán a implementarse, si nuestro comportamiento sigue siendo el mismo.

Ponemos el Monstruo y luego le tenemos miedo. “Yo no me baño en Playa Hermosa, prefiero alejarme kilómetros hacia el sur. Bañarse en Playa Hermosa es querer adquirir una enfermedad en la piel, en los ojos, en el estómago”, he escuchado decir a muchos. Pero yo, sí termino por meterme a las aguas de dicha playa, y hasta ahora, ni mis hijos ni yo hemos sufrido de ninguna enfermedad.

Baste sacar una muestra de agua de cada una de nuestras playas para observar su flora y fauna microscópica, sus bacterias, protozoarios; mirar los resplandores de arco iris que siguen flotando en su superficie, cerca de los embarcaderos, para demostrarnos una vez más, como flota la gasolina y el aceite sobre el agua marina. Baste sentir los olores que emanan al acercarse a las playas. Pero baste más ver la cantidad de basura que dejan los visitantes en la zona. Las cientos de latas de cerveza, de botellas y bolsas de plástico, restos de comidas orgánicas. Los cientos de litros de orinas y los kilos de heces fecales de todos aquellos que deciden meterse al mar a hacer sus necesidades, o deciden alejarse dos pasos para orinar en la arena. Baste mirar las decenas de perros caminar las playas con sus amos, y a sus amos fingir demencia y alejarse sin recoger los excrementos de sus mascotas.

Muchos de nosotros seguimos poniendo al monstruo, y luego acusamos de que tenemos miedo. Claro que muchas empresas, y hoteles, tendrán alguna responsabilidad en ensuciar las playas. Pero reflexionemos en lo que a nosotros nos corresponda para mantenerlas limpias. Creamos al monstruo marino, para luego tenerle miedo.

*Científico, promotor cultural, escritor y editor

romeodianaluz@gmail.com

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