Maraña Cósmica

Nanociencias, la República de la ciencia

Por Rolando Ísita Tornell*
lunes, 5 de marzo de 2018 · 00:00

En Ensenada tiene su sede el Centro de Nanociencias y Nanotecnología de la UNAM, una institución de investigación científica de alto nivel de competencia internacional.

¿Qué son las nanociencias? Es una república de la ciencia de un mundo “enano”, según la raíz griega del vocablo. ¿Qué tan enano? Tan pequeño como un millón de veces más diminuto que un milímetro. El ancho de un cabello humano es muy grande en ese mundo, 50 micras (o micrómetros), equivalente 0.05 milímetros. La dimensión de los átomos va de 1 a 4 angstroms, que equivale de 1 a 4 diezmilésimas ¡de micra! Ese es el mundo de los nanocientíficos. Un átomo de hidrógeno tiene el tamaño de un décimo de nanómetro; el ADN, la molécula de la vida, el manual operativo de los seres vivos es un fideo retorcido de 2 nanómetros de diámetro; las proteínas andan entre 1 y 20 nanómetros.

Es un mundo más complejo que ser sólo diminuto, es una “república” porque todas las ciencias y las matemáticas, sin perder su soberanía, integran las nanociencias; es la ciencia e ingeniería que manipula átomos; ensambla, sintetiza, caracteriza, fabrica, observa materiales, estructuras funcionales e instrumentos a escalas atómicas, moleculares, con presentaciones en un rango de 0.1 a 100 nanómetros.

Se dice con recato que es una ciencia nueva. La primera referencia al campo la hizo el físico Richard Feynman en una reunión de la Sociedad Americana de Física en 1959, “existe mucho espacio en el interior”, dijo. Y este campo del conocimiento cambió dramáticamente a raíz del premio Nobel de química en 1985 a Harold Kroto y colaboradores, por la construcción de las Bucky balls, el carbono 60, los buckminsterfulerenos, cuya estructura se asemeja a los balones de futbol con base en hexágonos y pentágonos (no los “descubrió” porque ya lo fabricaban las estrellas en el cosmos, pero no había fulerenos en la Tierra) y ha permitido fabricar materiales de carbono más livianos y duros que el acero y más baratos.

No obstante, una buena y justa historia de las nanociencias se remontaría al primer año del siglo pasado, cuando Max Planck postula la Teoría Cuántica en 1900 y por lo menos otros 50 reconocimientos Nobel a teorías, instrumentos y mecanismos de la vida hasta el 2001, cuando se da a conocer la secuencia completa del genoma humano, sin dejar de lado las herramientas fundamentales de la ingeniería nanométrica como el tunelaje cuántico de electrones en semiconductores, en 1958 por el nipón Esaki y el desarrollo del microscopio electrónico de tunelaje, por Rohrer y Binning en 1986. Ya abordaremos esas maravillas.

*Comunicación de la Ciencia UNAM-Ensenada

risita@dgdc.unam.mx
 

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