LA OTRA HISTORIA

Conciencia política

Por Lucía Garayzar Rodríguez*
miércoles, 7 de marzo de 2018 · 00:00
Según una investigación realizada por el Premio Nobel, Francis Crick, uno de los descubridores de la estructura del ADN, que publica la revista Nature Neuroscience, la conciencia humana y la percepción de la individualidad se generan en un determinado espacio del cerebro situada en la parte posterior del córtex, lo que convierte estos fenómenos en meros episodios de las reacciones bioquímicas del cerebro.

El córtex surge como la región del cerebro donde se generan los procesos de la conciencia. Es una sofisticada e interconectada red neuronal que sustenta el discernimiento, a través de nodos que expresan cada uno de ellos un aspecto de la percepción.

Pero más allá del aspecto médico-científico, del cual prácticamente nada conozco, la mayoría concebimos la conciencia como la capacidad propia de reconocernos a nosotros mismos. Esto quiere decir que la conciencia va de la mano con la actividad mental, que implica un dominio por parte del propio individuo sobre sus sentidos.

Por otro lado, la conciencia también tiene un vínculo con el sentido del deber, como reflexión sobre la conducta y sobre los propios actos. De allí que también tenga un carácter ético, pues permite distinguir al individuo entre aquello que está bien y lo que está mal, de manera que a la hora de actuar, pueda conducirse de acuerdo a sus valores morales.

Amable lector: entonces esto significa que todos los seres humanos sabemos perfectamente lo que hacemos y decimos, aunque no siempre nuestros actos sean sensatos y correctos.

Y a propósito de sensatez, de conciencia moral, ética, e histórica, ahora que tan de moda están las precampañas políticas y asomándose están ya las campañas en todo su esplendor, me pregunto si los nuevos candidatos cuentan con verdadera conciencia política.

Actualmente nuestro sistema político en general necesita un cambio. Una trasformación auténtica no se logra con promesas imposibles de cumplir. Para que un cambio efectivo pueda realizarse, primeramente se tiene que vivir una metamorfosis en la conciencia de quienes van a gobernar.

Esa voz que revolotea dentro de sus cerebros, está muy por encima del orden establecido y de las leyes vigentes. Muchos son los gobernantes que se convierten en delincuentes, en auténticos bandidos utilizando malamente el fuero para cometer cualquier cantidad de fechorías hasta el punto de creer que hacen lo correcto, pensando que cuando se ocupa un cargo público, el que se enriquece es un listo y quien no se aprovecha de esa oportunidad es un imbécil.

Sin embargo, se les olvida algo muy importante: nadie, absolutamente nadie se libra de esa voz interior que inapelablemente acusa y exige castigo. El corrupto huye aunque la justicia no lo persiga. En su interior no existen secretos ni cámaras escondidas. Pueden ocultarse debajo de las piedras. Pero al final, ella invariablemente llamará a su puerta: sí, la conciencia; la que juzga, reprende, carcome por dentro, elogia y condena.

* La autora es profesora

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