LA CARROCA

El acusador

Por Soraya Valencia Mayoral*
sábado, 01 de septiembre de 2018 · 00:00

El grupo de poder que públicamente enfrenta al Papa ha conseguido una vez más los reflectores mediáticos. Diversos portales han dado a conocer el dossier del ex Nuncio Apostólico en Estados Unidos, Carlo María Vigano, donde acusa al sucesor de Pedro de encubrir al cardenal McCarrik, a quien el Papa retiró del colegio cardenalicio, entre otros señalamientos. La carta bomba fue lanzada al inicio del Congreso Mundial de las Familias celebrado en Irlanda, punto neurálgico en el historial de los abusos sexuales, de poder y de conciencia por parte de un buen número de clérigos. Si uno de los objetivos del documento era reventar mediáticamente el evento, definitivamente lo logró. Vigano aparece como poseedor de una verdad que revela a modo de indignada denuncia.

Pero el problema no es conocer una verdad sino saber qué hacer. El ejercicio de la verdad exige un criterio ético. Como decía uno de mis maestros, hay que decir la verdad pero no andar diciendo siempre la verdad. Debe haber una intención, una buena y correcta intención a la hora de decir la verdad. Esto pone en evidencia al acusador porque manifiesta sus intenciones: al enarbolar la bandera de la purificación y la doctrina atiza al desencanto particularmente de los fieles, lastima más la sensibilidad y la confianza de los de a pie para que retiremos de la mesa la apuesta por Francisco y anhelemos el retorno de otros tiempos, los pasados, los mejores, aprovechando que también estamos pasando por la criba de la confianza en la institución que nos acogió de niños y nos habló del bien.

Considero que la lectura de los hechos recientes hay que hacerla a partir de la ruptura interior que continúa viva a raíz del Concilio Vaticano II: la resistencia de los grupos ultra conservadores a las reformas conciliares, el clericalismo, la purga de teólogos y el acoso a los peritos conciliares bajo Juan Pablo II, la llamada involución del Concilio y en el otro extremo, los esfuerzos del Papa por retornar al cauce conciliar. En el punto de mira estamos los de abajo. Recordemos que los mensajes y signos de la revolución de Francisco han sido dirigidos hacia el laicado a través de un lenguaje sencillo y claro que para muchos no está a la altura de la sublime teología. Pero va quedando claro, desde la dignidad del bautismo, los obispos de aeropuerto o los que huelen a oveja hasta los aranceles y estipendios y la atención de las secretarias parroquiales. Todo ha sido educar a la raza de a pie. Y sí, sin duda la artillería va dirigida en buena medida hacia el populus. Y de nosotros depende si seguimos el juego a estos señores que, desde el poder que les ha dado el ministerio, la confianza y los privilegios, han asumido el papel de acusadores como si su pureza y virtud personal, si es que algo queda, les diera el derecho a jugar con algo tan delicado como la fe y la confianza de los fieles. Vale .

*La autora es mujer de letras sacras y profanas

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