LA OTRA HISTORIA

Ver no es lo mismo que mirar

Por Lucía Garayzar Rodríguez*
miércoles, 12 de septiembre de 2018 · 00:00

Hace cuatro años, el Washington Post emprendió un interesante experimento social sobre el conocimiento, el gusto y los intereses de la gente. La idea medular era investigar en un lugar común, en una hora concurrida, la forma en que las personas perciben la belleza; y su capacidad de valorarla y reconocerla en lugares insospechados.

Justo en la hora pico de la estación del metro en Washington DC, un joven músico se dispuso a tocar su violín. Durante 45 minutos interpretó seis piezas de Bach. La investigación arrojó, que aproximadamente mil cien personas atravesaron la estación, la mayoría iban en camino a su trabajo.

Pasaron tres minutos y un hombre de mediana edad se percató de la presencia del músico, se detuvo por unos segundos y posteriormente continuó su camino. Minutos más tarde, una mujer lanzó el primer dólar en la cajita del violinista y sin suspender su camino, siguió avanzando.

En todo ese tiempo, cientos de personas pasaron sin detenerse, los niños pequeños fueron los más interesados, sin embargo, la prisa de sus padres les impedía pararse para mirar y escuchar. Tan solo seis personas prestaron total atención por un tiempo; 20 le obsequiaron dinero, pero seguían caminando normalmente; en total reunió 32 dlls.

Cuando la música terminó, nadie se percató, nadie aplaudió, nadie ovacionó, nadie agradeció. Nadie supo que quien tocaba era el famoso violinista Joshua Bell, uno de los músicos más virtuosos del mundo. Nadie se enteró que el violín que escucharon sonar tenía un valor de 3.5 millones de dólares. Dicen que días antes de este experimento, Joshua Bell abarrotó un teatro en Boston, donde el boleto promedio tenía un costo de cien dólares.

Amable lector: historias reales como esta las vivimos infinidad de veces. La prisa, la falta de interés y el poco valor que le damos a las cosas, es lo que nos impide mirar lo que el día a día nos regala. No tenemos tiempo de detenernos para disfrutar las mejores cosas que están frente a nosotros. Vemos, pero no miramos. No nos damos cuenta, como bien lo dice el principito, que lo esencial es visible a los ojos.

Ver y mirar no son lo mismo; ver, es la acción propia del ojo, mirar, es echarse un clavado en el alma del otro, esa es la razón por la que tantas veces nos equivocamos, vemos, pero no apreciamos lo que la vida nos regala.

¿De cuantas cosas nos hemos perdido por no saber mirar?

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