BAÚL DE MANÍAS

Con batuta o sin ella

Por Ma. Cristina Álvarez-Astorga*
martes, 04 de septiembre de 2018 · 00:00

No, ya, en serio, con batuta o sin ella, ¿para qué sirve un director de orquesta? ¿Qué, acaso los músicos de una orquesta no están perfectamente entrenados para leer música y seguramente para llevar el compás? ¿Para qué necesitan a un señor, señora, señorito o señorita que les esté haciendo señas con o sin batuta? Y, aún si lo necesitaran… ¿No hay acaso alguien más que pueda hacerlo?... Por ejemplo, el concertino o violinista principal? ¿No podría él indicar lo que hay que hacer con movimientos de su arco? Pues verá usted: de hecho, hubo una época, la del llamado “violinista director”, en la que la función principal de un director de orquesta era la de dar la señal de empezar a tocar y dar la señal de dejar de tocar. Eso fue suficiente mientras las orquestas fueron pequeñas, cuando eran orquestas de cámara, de no más de 16 integrantes… Pero entonces llegó Beethoven y pácatelas, las orquestas comenzaron a hacerse cada vez más grandotas, hasta que se vio la necesidad de que alguien se les pusiera enfrente para que los músicos siguieran tocando unidos y no cada quien por su lado. Así las cosas, la historia de la dirección de orquesta tiene unos 180 años, aprox.

El primer gran director (tal y como lo conocemos nosotros acá en el siglo xxi) fue mi adorado y nunca bien ponderado Félix Mendelsshon. ¿Y por dirigir qué obra se volvió famoso? Pues por dirigir en público (por primera vez) la Pasión según San Mateo, de Johann Sebastian Bach. Por razones técnicas, se consideraba imposible (en esa época) la ejecución de esta obra. Sin embargo, el ímpetu de Félix se impuso y la obra se interpretó el 11 de marzo de 1829, en Berlín. Así que si Félix no hubiera entrado a la historia de la música occidental como compositor, lo habría hecho, seguramente, como el rescatador “Papá Bach”). Su muerte, en 1847 (a los 38 años) fue recibida con enorme duelo por las sociedades cultivadas de toda Europa. Reconocido como niño prodigio por el mismísimo Goethe y admirado por reyes y por las personalidades musicales más relevantes de su tiempo, Mendelssohn encarnó como nadie el ideal del Romanticismo musical y podría decirse que además fundó la tradición de la dirección orquestal, que en aquellos tiemposh estaba basada en el concepto de precisión. Ese concepto era encarnado por esa famosa varita de madera que se llama “batuta”. De hecho, por extensión, aún hoy día se dice que quien “lleva la batuta” (en cualquier cosa) es el que manda.

Dicen que Mendelssohn representaba minuciosamente absolutamente todos los detalles de una partitura a través del movimiento de su batuta. Tan minucioso era que no le faltaron enemigos, entre ellos el inefable Richard Wagner, quien afirmaba que todo lo que hacía Mendelssohn estaba mal y que cualquier director que se preciara de tal debía ser capaz de personalizar la partitura que estuviera dirigiendo, coloreándola con sus propias emociones y su propio impulso creativo…. Y así, con estos dos enfoques completamente opuestos fue como comenzó la historia de la dirección de orquesta. Si quiere usted saber más del asunto, cheque al fabuloso Lenny Bernstein en uno de sus legendarios programas didácticos: https://bit.ly/2wMVFXB.

Abur.

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