LA TURICATA

Los poetas

Por José Carrillo Cedillo
martes, 04 de septiembre de 2018 · 00:00

Y así aprendí
que hay que fingir
para vivir, decentemente,
que amor y fe
mentiras son
y del dolor
se ríe la gente…


Una de mis canciones de cuna, gracias a los hermanos argentinos…

Nacer y vivir en una vecindad tiene sus ventajas, la pobreza económica te hace madurar muy rápido. A las naturales preguntas de quién soy yo, agregas: ¿por qué somos pobres? Lo descubres en cuanto ves que tu primo usa ropa de Liverpool, contra tus calzones de manta que con tanto amor te hizo tu madre. En la primaria, el hijo del doctor, sus cuadernos son más caros y extranjeros.

Poco a poco te percatas de la preocupación de tu madre porque no alcanza el dinero.

Y convivir con los vecinos, al paso del tiempo conoces su vida y obviamente ellos la tuya, hasta que sin sentir casi forman una gran familia. Te enteras, sin comprenderlo, que Conchita la del 14, dicen que trabaja en el talón, y que a Pancho el del 18 lo encerraron por robar unas pinzas donde trabajaba. Son chismes de familia.

Tres de mis tíos se fueron de braceros y encuentro a mi abuela llorando en la cocina. Es tonto preguntar por qué.

Llego a la secundaria convencido de que tengo que cambiar mi “destino”. Consigo un pequeño trabajo por las tardes. Y lo poco que gano se lo doy a mi madre, como ayuda. La vida continúa y tenemos que mudarnos porque mi padre debe varios meses de renta a pesar de que me consta que trabaja muy duro y mi madre también. Mi disyuntiva se presentaba difícil, ¿dejar de estudiar y trabajar para ayudar? ¿Y emborracharme los sábados y pegarle a mi compañera, como mis vecinos? ¿Seguir celebrando sus cumpleaños y las posadas cada año?

Cuando llegué a la universidad tuve compañeros y compañeras evidentemente ricos, me percaté que lo que para mí era el sueño de mi vida para ellos era un pasatiempo: estudiar pintura.

Una compañera que llegaba en su carro deportivo, el día que invitó a casi todo el grupo a tomar un café, observé que dejó de propina diez pesos, mismos que eran el sueldo diario de mi padre.

En la secundaria supe que somos animales gregarios y en la prepa mi maestro de filosofía me presentó a Don Carlos Marx, quien me dijo que la Historia de la Humanidad es la historia de la lucha de clases. Convivimos con nuestros explotadores, los que nos quieren convencer que trabajar de rico, es un trabajo. Y todo está enhebrado para que nos parezca lo más natural. El mismo Hegel decía que porqué protestaban si las cosas estaban bien.

Lo mismo me decía mi compañera que llegaba a la escuela diariamente en su auto convertible.

Luego conocí a otros pensadores que nos han legado su genio:

EL HOMBRE NACIÓ LIBRE PERO EN TODAS PARTES VIVE ENCADENADO, nos dice Rousseau.
LA ÚNICA OPCIÓN MORAL VÁLIDA PARA EL INDIVIDUO ES EL SACRIFICIO POR LA COMUNIDAD, nos dice, el filósofo existencialista Tetsuro Watsuji.
LA EXISTENCIA PRECEDE A LA ESENCIA, NOS DICE Sartre.
AL HOMBRE SE LE DEFINE COMO SER HUMANO, Y A LA MUJER COMO LA HEMBRA nos dice Simone de Beauvoir.
EL SENTIDO FUNDAMENTAL DE LA LIBERTAD ES ESTAR LIBRE DE CADENAS, nos dice Isaian Berlín.

Luego, mi decisión de seguir estudiando fue el mejor camino. Creo que hice lo correcto.

Sin desconocer lo poético, de su obra, me permito decir a Bob Dylan:

I AM SORRY MY FRIEND, THE ANSWER IS NOT BLOWIN IN THE WIND…
THE ANSWER IS BLOWIN IN THE BOOKS.

Dejé atrás la pobreza intelectual, que es la peor de las pobrezas.

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