PROYECTOVINO

“Cero expectativas”

Por Araceli Velázquez Córdoba
jueves, 06 de septiembre de 2018 · 00:00

“Yo prefiero ser pesimista que optimista”. Nunca olvidaré esa frase que me dijo mi socio un día. Porque lo primero que pensé fue: “Que actitud tan horrible, ojalá yo nunca llegue a pensar así”. Pero después de escuchar su explicación me hizo mucho sentido. “Prefiero ser pesimista porque cuando acierto y salen las cosas mal, no me siento desilusionado, y cuando me equivoco porque salió todo bien, siempre me llevo una agradable sorpresa”.

Desde ese día trato de aplicarlo en muchos aspectos de mi vida. Sobre todo porque me ayuda a identificar lo que puede salir mal y cuidar hasta el más mínimo detalle para que esto no suceda.

Cuando probamos un vino por primera vez, ya sea que nos lo hayan recomendado o hayamos leído acerca de él, es muy útil que lo hagamos sin estar esperando nada. Porque la persona que nos lo recomendó lo hizo, en el mejor de los casos, desinteresadamente y con base a su gusto propio, conocimientos y experiencia. Y en el peor, sólo para parecer un conocedor o experto. Nunca debemos olvidar que para que nos guste un vino no necesitamos ser expertos. Simplemente tenemos que confiar en nuestro gusto. Siempre recibiremos recomendaciones o escucharemos opiniones de algún vino que puede coincidir o no con nuestras preferencias. Todos tenemos gustos y paladares diferentes. Por lo mismo no existe un vino muy malo o muy bueno para todo el mundo.

A veces no podemos evitar tener expectativas. Por la curiosidad que me provocó leer que un vino había sido considerado por Robert Parker, uno de los más confiables críticos, como “el mejor vino del mundo” dentro de su rango de precio, la semana pasada lo probé finalmente. No comenté esto al servirlo para no influenciar la opinión de quienes lo degustarían conmigo. Me dio mucho gusto ver que el resultado a esta recomendación fue unánime, tanto para mí que esperaba mucho, como para los demás que no sabían nada de él. Buenísimo. Lo que me generó la confianza para intentar nuevamente alguna recomendación de este legendario experto, por supuesto sin meter las manos al fuego.

En nuestro país contamos con muchas personas que recomiendan o descalifican vinos. La única forma de saber si su opinión coincide con nuestro gusto es probando. Acabo de leer un comentario de alguien que desde hace mucho tiempo cuenta con todo mi respeto, y que después de ser nuevamente invitado a participar como juez en un concurso internacional, reconoce que tiene aún mucho que aprender. Eso demuestra la humildad, sinceridad y profesionalismo de una persona que tiene años dedicándose con honestidad a esta industria y sigue aun formándose para mejorar. A diferencia de otros que engañan a la gente, y creen que porque tomaron un cursito de 3 meses, se pueden llamar expertos y no son más que una tomada de pelo. Porque casi siempre son ellos mismos quienes en lugar de acercar a la gente al vino, la alejan por presunción y bluff muy mal fundamentados. Estoy y estaré siempre en contra de aquellos que creen que el vino les otorga un estatus social.

Hace poco fue cumpleaños de mi sobrino Elías, y su hermana Rafaella le ayudó a abrir sus regalos. Me llamó mucho la atención las muy diferentes reacciones al ir descubriendo cada uno de ellos. Ella iba seleccionando el orden de apertura conforme al tamaño o lo vistoso de la envoltura. Con algunos se le abrían sus hermosos ojotes y era evidente su felicidad. Con otros, no demostraba mucha emoción y continuaba con el siguiente. No pude evitar hacer una analogía con los vinos. Un vino es como un regalo sorpresa. Puede venir en un empaque muy atractivo, pero sólo sabremos si nos gusta el contenido hasta que lo abrimos. Si es así, será una agradable sorpresa. Y si no, hay que abrir el siguiente, confiando en nuestro paladar y con cero expectativas.

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