LA CARROCA

Aguantar vara

Por Soraya Valencia Mayoral*
sábado, 12 de enero de 2019 · 00:00

“La presión de los ductos se vigila desde las instalaciones de la refinería y cuando baja deben enviar un supervisor. No pueden hacer como que no se dan cuenta. El robo inicia desde dentro”. Son más o menos las palabras de un trabajador jubilado de la refinería de Salamanca, papá de una amiga mía. Ella me comentó que su padre se jubiló en 1980.

El robo de combustible, una pieza del rompecabezas del complejo sistema de sustracción ilegal de los bienes de la nación, prácticamente nació con PEMEX y ha sido el personal de la misma empresa quien se ha encargado a lo largo de los años de operar desde dentro y de instalar, mantener y vigilar la extensa red paralela de ordeña de combustible ( cfr. entrevista a Ana Lilia Pérez). Una de las letrinas se ha destapado y muchos ciudadanos de a pie nos hemos horrorizado frente un acontecimiento del que, si bien teníamos alguna idea, no imaginamos que fuera de la magnitud que se ha mostrado. Y lo que falta. Porque apenas se está revelando una estructura que se extiende a otras áreas, sobre todo las llamadas estratégicas, que son fundamentales para la economía de un país, para su soberanía. Y uno piensa que con sobrada razón a México se le ha etiquetado como un país corrupto. Pero aquí dentro de hace responsable al individuo de la corrupción sistémica, y así, machaconamente se ha insistido en individualizar la culpa invisibilizando el sistema que opera en todos los niveles: diste mordida ergo eres el origen de los males. Y de tanto insistir nos la hemos creído. Y no. Yo no me siento parte de este entramado de miseria humana. México es un país donde se ha montado a lo largo de décadas una enorme estructura de corrupción que se ha sostenido a costa del expolio del pueblo mexicano. Una estructura de la que han salido los recursos para construir la carrera de los políticos, la riqueza de muchas familias, el asesinato y vaya usted a saber, todo bajo el amparo y bendición de las autoridades. Es un mecanismo que se autorepara y se ajusta con los años, independientemente del color del régimen. La maquinaria funcionaba a la perfección.

Y no es novedad que este ambiente genera lo que se pudiera llamar baja estima o inclusive depresión social. Somos cochis por definición, se lo dirás a tus hijos y a los hijos de tus hijos. Yo espero que una de las consecuencias de esta limpia sea la reconfiguración de la dignidad de los ciudadanos. Que nos quitemos el estigma del mexicano corrupto. Que volvamos a creer y que recuperemos la confianza de otros. Es un proceso largo pero pienso que ya inició. Como dijo quién lo dijo, hay en el pueblo mexicano una gran reserva valoral. Estoy convencida de esto. Hay que echarle ganas. No puede ser más indignante un tiempo de escasez que décadas de robo a la nación. Hay que aguantar vara. Vale.

*La autora es mujer de letras sacras y profanas

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