LA OTRA HISTORIA

Ángeles de la salud

Por Lucía Garayzar Rodríguez*
miércoles, 09 de enero de 2019 · 00:00

Durante las peores guerras, la enfermería ha jugado un papel esencial y también se ha tenido que enfrentar a grandes retos. Numerosos ejemplos de hombres y mujeres valerosos que han llevado su profesión con pasión, están escritos en la historia Universal.

Quienes se dedicaron al cuidado de enfermos en tiempos de guerra, han relatado un sinfín de anécdotas escribiendo sus memorias, en las que cuentan la forma en que tenían que enfrentarse a plagas y a situaciones adversas que se les presentaban frente al cuidado de sus enfermos y heridos, tratando siempre de reducir en lo posible el número de muertes, desempeñando como podían su labor, bajo paupérrimas condiciones de vida.

Considerando el trabajo que han realizado los y las enfermeras en los conflictos bélicos, podemos darnos cuenta que su esfuerzo ha sido imprescindible e invaluable. Los y las enfermeras aguantaban jornadas interminables tratando de ayudar en la recuperación de soldados heridos; curaban amputaciones, ayudaban en las autopsias, preparaban y servían los alimentos, aseaban a los heridos, los alentaban, acompañaban a los médicos en sus recorridos, vigilaban el estado general del paciente herido y como si eso fuera poco, ayudaban en cualquier necesidad que se presentara.

Amable lector: miles de relatos contados por enfermeras y enfermeros se han dado a conocer a través de la historia, tal vez los que más impactan son los vividos durante las guerras. Conmueven porque nos presentan un panorama desgarrador que no hemos vivido de cerca en los últimos cien años. - En mi perspectiva, nada puede ser más aterrador y doloroso que una guerra, porque en una ofensiva como tal, todos perdemos.

Algunas veces la vida nos prepara embestidas que no esperamos, situaciones dolorosas que debemos capotear valientemente. Para nadie es ajeno el caos y el sufrimiento que deja a su paso una batalla en contra de alguna enfermedad. La realidad es que esa experiencia nunca la atravesamos solos, siempre nos acompañan ángeles blancos que están ahí de pie, peleando al lado nuestro sin conocernos, sin saber que tan buenas o malas personas somos; están ahí, a nuestro lado, haciendo lo imposible para lograr la victoria.

Para atender a heridos y enfermos se necesita más que una vocación. La enfermería es un trabajo dedicado, compasivo, agotador, magnánimo, esperanzador porque es capaz de tocar vidas, pero también peligroso porque en el trayecto, muchos dejan el alma.

Bendita profesión la enfermería, fiel compañía en grandes sufrimientos.

A todos y a todas, muchas gracias.

*La autora es profesora

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