COLUMNA INVITADA

Conversaciones de septiembre

Por Parte II
sábado, 16 de noviembre de 2019 · 00:00

Hugo Amao González

En el resto de América sucedió lo mismo, eliminación de razas originarias en todo el sur del continente. Han transcurrido los siglos y esos episodios se han repetido en años recientes, y, el acto de la más alta demostración de violencia no se podrá olvidar nunca jamás, fue el horrible golpe de Estado en Chile el 11 de septiembre de 1973, no solamente contra el pueblo sino contra su propio presidente legítimo Salvador Allende y en el mismo mes de septiembre el despiadado asesinato del conocido cantor latinoamericano Víctor Jara.

Estados Unidos mismo no ha escapado a esta violencia y su 11 de septiembre de 2011 quedará en su memoria y en la del mundo la consecuencia de la confrontación de sectarismo, racismo y afán de dominio. La violencia no tiene fronteras y siempre opera previamente en silencio.

Volviendo a México, septiembre tiene, como ya lo dijimos, hechos históricos que siguen motivando estudios y reflexiones con comentaros críticos porque las heridas siguen abiertas. Esa violencia no ha cesado en los septiembres, se hace presente en forma interna y externa hasta por la propia naturaleza. Siguiendo el hilo histórico sobre esta violencia, la externa está presente en forma brutal el 12, 13 y 14 de septiembre de 1847 por Estados Unidos (las trece colonias liberadas recientemente, pero con el gen imperial que heredaron) que buscan expandirse y lo consiguen a base de dolor y muerte aún a costa de sus propios vecinos porque como lo han declarado reiteradamente en el tiempo, ellos no tienen amigos, tienen intereses. En uno de estos días de septiembre nos queda solo la memoria para conmemorar y recordar a los jóvenes cadetes de Chapultepec que fueron sacrificados.

Poco tiempo después, se hace presente la injusta intervención francesa quienes imponen un imperio. Con Juárez de dirigente, se recobra y organiza la dignidad, se enfrenta al invasor y en septiembre de 1866, ante la segunda invasión francesa se les derrota.

No sólo son las armas del pueblo mexicano, son el originario y el mestizo los que se cubrieron de gloria. El héroe de aquella batalla memorables, unas décadas después llegó a ser gobernante. Porfirio Díaz se convirtió en un dictador, quien al terminar el siglo XIX, destrozó y deshizo todo lo que en el tiempo de la reforma de Benito Juárez se había institucionalizado. Todo el abuso acumulado en treinta años, provocó tal inconformidad que originó que el pueblo se viera en la necesidad de tomar las armas en sendos movimientos.

La revolución encabezada por Madero que la inicia lanzando el Plan de San Luis, como escribió el historiador Luis González “quizá escrito a lápiz el día 5 de octubre, fue aprobado por los reunidos en San Antonio, Texas el día 8”.

Sin duda toda esta idea de rebelión se “anidaba en su cabeza” desde que estaba preso en San Luis Potosí, por lo que, si bien pudo ser escrito en los primeros días de octubre fue estructurado y cristalizado mentalmente durante el mes de septiembre de 1910.

Con ese plan se inicia la revolución, la cual contó con el apoyo de los campesinos de Zapata y con los Dorados de Villa, que se formaron precisamente en septiembre de aquel año. Para junio del siguiente año, Madero estaba pactando con Villa después de la toma de Ciudad Juárez.

“La otra Revolución”, fue dirigida por el PLM y guiado por el incorruptible combatiente y pensador de los derechos del pueblo mexicano: Ricardo Flores Magón, personaje que nació un 16 de septiembre de 1876 y dio a conocer el sentido de su revolución en su periódico Regeneración en septiembre de 1910.

Con todo esto y sus antecedentes inmediatos está iniciándose el siglo XX y la parafernalia porfirista de los festejos del centenario del septiembre libertario.

La historia de violencia que caracteriza al siglo XX, conocido como el siglo del horror, forma montañas de muertos ocasionando un desastre mayúsculo. En todos los casos, la disputa es por el poder económico, el poder político, la expansión, la explotación despiadada de la naturaleza, es decir la vida.

En ese siglo se ponen en práctica por el mal humano, las más sorprendentes formas de eliminar al contrario o que se oponían a los regímenes que se vinieron superponiendo unos sobre otros sobre la base de esas ambiciones enunciadas antes y los avances científicos y tecnológicos y el surgimiento de las más descabelladas teorías producto de haberse perdido el sentido común, el juicio y las sanas costumbres.

Desde entonces ya nada es igual y al parecer todavía no alcanzamos a comprenderlo. México no es ajeno a todo esto y aporta una cuota grande para esa montaña de cadáveres. Solo los primeros veinte años de ese siglo nos arroja un recuento de más de un millón de muertos (la guerra civil). Lo siguiente rebasarán los cuatrocientos mil (guerra cristera) y como escribiera Octavio Paz en octubre de 1968; “los viejos dioses andan sueltos otra vez…”.

La aportación de muertos de jóvenes y estudiantes no ha cesado desde entonces, el régimen que imperaba y que se desnudaba entonces, pareciendo se derrumbaba, se rehízo, matizando algunas formas y haciendo todo tipo de marrullerías, con concertacesiones y arreglos cupulares siguió presente hasta el año anterior

Algo como luz tenue se percibe en el horizonte y así mantenemos la esperanza abierta buscando que a partir de septiembre del 2024 se pueda empezar a escribir la memoria histórica que le haga justicia a los pioneros de aquella década de los sesenta y todos los valientes que no han aceptado las cosas que se viven. Continuará.
 

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