LA MARAÑA CÓSMICA

Educación y Ciencia juntas o no habrá transformación

Por Rolando Ísita Tornell*
lunes, 11 de febrero de 2019 · 00:00

En la obsesión por medir y “evaluar” (valorar) absolutamente todo desde el Estado, como único argumento para financiar o continuar las actividades que son públicas, terminaron por eliminarse justamente los valores, si no apareces en las gigantescas hojas del Inegi, no existes.

Me referiré sólo a la educación, que es la más conozco por experiencia de vida y profesional; se trata de lo que se inculca a la mayor masa de habitantes de este territorio, de este país, de este Estado Nación, nada más y nada menos. ¿Qué y cuánto te enseñaron? ¿Qué y cuánto aprendiste? ¿Cómo lo medimos?

La secretaría de Estado con atribuciones para la educación elabora “exámenes”, listas de preguntas lo más cerradas posible sobre el programa de la asignatura. Nunca te preguntan qué aprendiste, ellos quieren saber si se cumplió con la actividad programática de la partida presupuestal número tal. Si tú, 6813244 o 737170-5, un número más que una persona, cumples con el valor numérico recomendado por la OCDE, se te dará a cambio un certificado de Estado que cumpliste la primaria, secundaria, bachillerato, licenciatura.

¿Cómo miden que aprendiste que tus colegas valen, saben, entienden, que riñen, que entristecen igual que tú; que sabes que el profe de cuarto, a pesar de que te diga que tienes chilaquiles en la cabeza, te quiere, te cuida; que el profe de quinto es un ejemplo para seguir, distinguido, lesionado, alpinista, ajedrecista, poeta, dramaturgo de la historia, nuestra historia; sincero, riguroso, amable, amigo? ¿Con cuál metro mides si adquiriste respeto por ti mismo, por el otro, la otra, la Naturaleza; el afecto, la admiración, la sorpresa, la curiosidad, la asociación de ideas; que no basta con querer saber sino cómo saberlo?

Hoy soy un académico profesional, investigo la comunicación pública de la ciencia, al periodismo y la divulgación científicas; he hecho estancias de años en dos institutos de investigación propagando sus actividades, pensamientos e historias. He necesitado saber de todas las disciplinas del conocimiento, en qué andan hoy, sus “fronteras” con lo desconocido. Puedo asegurar sin temor que la Secretaría de Educación Pública me enseñó casi nada de lo que sé, la mayor parte lo aprendí por mi cuenta. Para el doctorado, al Conacyt no le dije lo que yo quiero, lo que sé y lo que se puede hacer para mejorar, para obtener una beca; le dije lo que ellos querían escuchar, de acuerdo con las directrices del Estado.

Si en verdad va a haber transformación, ésta es una fundamental: la Ciencia y la Educación no pueden estar separadas como si fueran estructuras mentales distintas, diferentes, cuando es incomprensible una sin la otra, de acuerdo con la propia Constitución Política vigente; la ciencia de hoy debería estar en los pupitres.

Las doctoras Claudia Sheinbaum y Rosaura Ruiz han puesto el ejemplo en la CDMX, instaurando una Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación; mientras que a nivel federal pareciera que a la ciencia es a la que se quiere eliminar del Conacyt.

*Comunicación de la Ciencia UNAM-Ensenada

risita@dgdc.unam.mx
 

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