DE NIÑOS Y OTROS ENREDOS

De la prepotencia de los pacientes o allegados

Por Dr. Enrique Sicardi Aragón*
jueves, 14 de marzo de 2019 · 00:00
A esto se le ha llamado Síndrome de Adriano y dícese de toda actitud prepotente, arrogante o deshumanizada del paciente, sus familiares, sus representantes legales, los responsables de su seguridad social u otros, que pretenda menoscabar, injustamente la importancia y la calidad del acto médico realizado por un “profesional ético y competente” independientemente del fin o intención que se pretenda.

La inmensa mayoría de las personas nos mantenemos del producto de nuestro trabajo, aún quedan aquellos que disfrutan de lo heredado y pueden darse el lujo de no trabajar o regalarlo, creo que cada vez son menos y al igual que la mayoría, el médico se mantiene por sus ingresos generados, ya sea al atender en su práctica privada o por la remuneración de la institución en la cual labore.

En algunas ocasiones, el personal de salud se enfrenta al atender a individuos con un nivel socioeconómico más alto que el promedio, los cuales hacen gala de su poder y riqueza, menospreciando el trabajo y tratando en forma despectiva al equipo de la salud, presionando y dejando entrever sutiles o abiertas amenazas de demandas, quejas ante los directivos institucionales o represalias de cualquier índole en caso de fracaso o simple descontento. Sienten que aquellos que los atienden deberían de sentirse agradecidos por tener la oportunidad de tratar a “tan distinguidas majestades” y comúnmente se expresan mal del servicio recibido y nada raro el que posterior a una buena atención se nieguen a pagar los honorarios o postergando el pago de los mismos con sus representantes o en sus cotos de poder. Pueden equiparar la atención con sus experiencias en el extranjero y sabemos que por aquellos lugares, aun en precios exorbitantes, jamás se quejaron, hayan recibido o no buena o mala atención.

Una situación similar se ve comúnmente en las instituciones donde el personal de salud es presionado a dar un trato preferencial para algún recomendado y político de la zona, indicación que inclusive es impuesta por alguna autoridad superior de la misma empresa y el paciente en cuestión, toma actitudes insolentes y groseras para aquellos, los cuales han brindado atención a sus dolencias. El trabajo a realizar será estresante y frío, con altas probabilidades de accidentes o simple y sencillamente, ya no es natural ni grato.

La inmensa mayoría de los médicos actuamos de buena fe (claro que existen las deshonrosas excepciones), desgraciadamente el amarillismo mediático, y ahora exacerbado por las redes sociales, ante el error o fracaso médico NO INTENCIONAL, los galenos ven derrumbarse toda una vida de trabajo en un solo instante e inclusive ser privados de su libertad o derecho a su práctica profesional. Esto ha propiciado que los médicos actúen a la defensiva y que inclusive tengan que adquirir coberturas de seguros ante probables demandas.

Despachos de abogados han aprovechado dichas coyunturas y no es raro verlos pulular en las salas de espera de los nosocomios, tanto privados como institucionales, instigando a los familiares a demandar a los médicos ante la primera oportunidad.

Las relaciones médico-paciente se han visto deterioradas, desgraciadamente se ha perdido la figura del médico de familia, aquel en el cual era depositada nuestra confianza y transcurría la atención de la salud en un clima de cordialidad y empatía.

Los médicos, sin dejar de ser humanitarios o caritativos, tenemos que dejar de ser tontos e ingenuos: hemos sido, médicos y pacientes, manipulados en nuestra buena fe por personas e instituciones oportunistas.

Las escuelas de medicina, han fallado en estos aspectos de la formación de los nuevos educandos, acordes a los cambios sociales que han ido y seguirán trascurriendo.

*Médico pediatra

sicardi53@gmail.com

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