DESDE LA BANQUETA

Nosotros los baches y el chino

Por Sergio Garín Olache
viernes, 15 de marzo de 2019 · 00:00
Vamos a convertirnos los ensenadenses en indigentes como el chino cochino, del cual ya les he hablado con anterioridad en otros textos. Con el asunto de los baches de cada día nos pasa lo mismo que con la historia sanitaria de nuestro personaje. Va de nuevo: El chino se instaló a vivir en la acera de una esquina en zona habitacional céntrica de Ensenada, allí, duerme, come, orina, y defeca.

Al indigente se le conoce como El Chino como ya dijimos y personal municipal ya se lo ha llevado a albergues. Pero los deja, quizá porque lo bañan y despiojan o las instalaciones no son de su agrado. Regresa a su esquina, donde, en total desnudez, puede ejercer su total libertad de asolearse “en pelotas”. Algo parecido sucede en Ensenada; tapamos los baches de la ciudad que regresan al mismo lugar con las primeras lluvias.

A un vecino que se queja con toda razón del chino le tomó el reporte la policía, con amabilidad, aclara. Los policías hijos de Novelo son educados, pero, no pasó nada. Volvió a reportar: la peste del chino es nauseabunda. ¿Y la Secretaría de Salud? ¿Y Los cursis reglamentos de Policía y Buen Gobierno? Hay fecalismo al aire libre en zona habitacional. Nada. A la semana, la “autoridad” respondió que el requisito para llevar de nuevo al encuerado a un albergue era que ingresara de manera voluntaria.

Se instaló una mesa de diálogo y en caso necesario se llevará el caso a consulta pública (ya saben: una aportación de la izquierda mexicana a la cultura mundial) para convencer al chino de las bondades del albergue ofrecido. Pero no le gustaron las condiciones. Y la “ autoridad “ respondió a los vecinos: “Es que no quiere irse”. ¿El Cadiens? se dio por vencido y remitió a los vecinos al ¿Uaens? “para ver si ellos podían convencer al chino de irse”.

La nueva “autoridad” instaló nueva mesa de diálogo con el chino y sus vecinos. Lo mismo: “Es que no quiere irse”. Acabaron diciendo que el asunto correspondía a la Policía (gran verdad que no exige ser ministro de la SCJN). El señor Macías, firmante de la carta, detuvo a un par de Policletos que le informaron, también con gran amabilidad, que si llevaban al chino a un albergue contra su voluntad los podían acusar de secuestro.

La autoridad sugirió entonces llamar a Protección Civil. Allí, “de forma muy amable y cortés”, respondieron que acudiera a la Policía “y por no dejar, también a los bomberos”. Pero los bomberos podrían decidir lavar a manguerazos el cúmulo de excremento y orina concentrada y hasta resfriar al chino, resultar acusados de intento de homicidio y varios vecinos detenidos por complicidad, atentar contra los derechos humanos de un pobre y criminalizar la pobreza; caerían al ámbito del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación.

Lo urgente es una Comisión. Un marco socio-económico. Que coadyuven Trabajo Social, Psicología y Sociología a integrar la infancia profunda del chino, Microbiología para la calidad de su excremento, y ofrezca tratamiento in situ si el chino rechaza su rehabilitación en Oceánica.

Los vecinos cansados podrían arrastrar al Chino de una pata y dejarlo cerca de la barranca del cerro del Vigía, pero acabarían acusados de varios delitos: embadurnar las calles con excrementos, raspones al Chino y alimentar a los animales silvestres con carne en mal estado.

Lo mejor es seguir el ejemplo de Guerrero: unas camisetas con el logo de la policía comunitaria de Ensenada (allá ponen el de Guerrero) y la identificación mal escrita para que nos crean: Polesía Comunitaria; se buscan, como allá, armas de uso exclusivo del Ejército y quedan entonces guarecidos bajo el manto de los “usos y costumbres” para arrastrar al Chino de una pata. Lo mismo nos pasa a los ensenadenses con el tema de los baches, entonces hay que jalar de una pata al arquitecto Cuevas y dejarlo en un barranco hasta nuevo aviso. Lo que habla muy mal de nosotros como ensenadenses: Yo, Tú, ÉL, NOSOTROS, VOSOTROS, ELLOS es que no sabemos presionar lo suficiente para que tapen de manera permanente la epidemia crónica de Baches. Ensenada está de pena ajena.

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