DÍA DEL SEÑOR

VIII Domingo Tiempo Ordinario Ciclo C.

Por Padre Carlos Poma Henestrosa
sábado, 2 de marzo de 2019 · 00:00

“¿Por qué miras la paja del ojo de tu hermano, y no ves la viga que está en tu propio ojo?” Lucas 6, 39-45

En el Evangelio de hoy, Jesús nos aconseja cuidar nuestro estado espiritual antes de corregir al otro. Es tan fácil ver las fallas del otro y seguir ciego a nuestras faltas. Cada noche sería bueno pensar en las conversaciones que tuvimos durante el día. ¿Será que nuestras palabras han ofendido a otros? ¿Si es así, cómo podemos cambiar?

Jesús nos envía a ser testigos de la fe que profesamos – a practicar lo que enseñamos y predicamos. Sus palabras de hoy muestran su preocupación por la integridad y calidad de nuestras vidas.

El deseo de Nuestro Señor es, que sus discípulos, traten de imitar la misericordia del Padre. Es, una llamada a ser discípulos de la misericordia. De esa manera no estaremos preocupados de ver y agrandar el mal o las fallas de los otros y pasar por altos los nuestros.

En la misericordia es lo que debe hacernos verdaderos hermanos. De hecho en estos dichos aparece varias veces el término “hermano”. Y es para el hermano para quien se debe tener un corazón fraterno y abierto.

Comprendiendo el sentido de la palabra de Cristo podría sonar así: “Si yo no juzgo, tampoco juzgues tú que eres mi discípulo”. Puede que seas culpable de transgresiones más graves que aquel al que juzgas.

Jesús nos convence con argumentos irrefutables de no querer juzgar a los demás y de rebuscar más bien nuestro propio corazón... Los que tienen el encargo de enseñar, si son virtuosos y moderados deben dar ejemplo de vida evangélica, corregirán con dulzura, con caridad.

El problema con juzgar, es que la persona que se ubica a sí mismo como juez de las imperfecciones de los demás también es imperfecto. Como un ciego guiando a otro, el juez imperfecto que juzga a otra persona imperfecta deja mucho que desear.

Estamos rodeados de bien y mal y necesitamos saber discernir uno de otro. No obstante, los problemas surgen cuando nuestro discernir se convierte en amor propio cuando no reconocemos que nosotros también somos pecadores.

La pregunta más grande que encontramos al final de la lectura es eso, “¿Cuál es nuestra identidad?” Si en lo más profundo de nuestro corazón llevamos la identidad de Cristo, entonces nuestros frutos lo van a manifestar. Hoy podemos pedir a Dios que nos dé un corazón sincero, lleno de humildad y amor. Es una buena preparación para la Cuaresma que iniciamos en estos días.

Tenemos que abrir bien los ojos, pero no para fijarnos en las faltas y en los defectos de los demás, sino para ver primero nuestras faltas y defectos, para sacarnos las “vigas” de nuestros ojos, y entonces, cuando veamos con claridad, poder guiar a otros, poderles ayudar a quitarse la mota de polvo que tienen en su ojo. Qué fácil es exigir a los demás, cuando nosotros no hacemos muchas veces ni la mitad de lo que exigimos a otros.

Si queremos que las cosas vayan bien, si deseamos que el mundo o la misma Iglesia funcionen mejor, comencemos por cambiar primero nosotros mismos y ponernos en camino a la conversión, y luego de esto, ya estaremos en disposición de ayudar a otros a que se corrijan.

Ojala que en esta próxima Cuaresma, sea un tiempo propicio de conversión para acercarnos de nuevo a Dios y dejar que Él nos transforme, que nos ayude a quitar las “vigas” que tenemos en nuestros ojos, que llene nuestro corazón de amor y de misericordia, pues es Él quien ha muerto por nosotros en la cruz y es Él quien nos da la salvación.

Que el amor de Dios y su misericordia, los acompañe, bendiga y proteja siempre.

cpomah@yahoo.com

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