BAÚL DE MANÍAS

Feliz cumpleaños 334

Por Ma. Cristina Álvarez-Astorga
martes, 26 de marzo de 2019 · 00:00
Para Beethoven, Bach era “el dios inmortal de la armonía”. Para Wagner era “el milagro más estupendo en toda la historia de la música”. Para Cioran, papá Bach tendría la culpa de que dios existiera (en caso de que existiese). Para Jaime Sabines, “la música de Bach mueve cortinas”. Y así podría yo seguir y llenaría esta columneja de citas que traten de Bach, con el pretexto de que el 21 de marzo fue su cumpleaños número 334, y su música, tan campante. Pues sí. Bach es todo eso (y seguramente mucho más), pero ello se debe en grandísima medida a algo completamente exterior y extemporáneo a él.

Así merito. Piense usted en que este prodigioso compositor sólo comenzó a ser reconocido 70 años después de su muerte, gracias (en mucho) a la perseverancia de admiradores de la talla de, por ejemplo, Félix Mendelsshon. Dan calosfríos nomás de pensar en que qué tal que Don Félix nomás no le hubiera latido la onda musical de Bach. ¿Qué tal si no se hubiera puesto de terco y no hubiera estrenado su fabulosa Pasión según San Mateo el 11 de marzo de 1829?

De todos es bien sabido que la obra de Bach fue un “parte aguas” en la Historia de la Música. No de balde es universalmente aceptado el hecho de que el período barroco (que fue en el que él vivió) termina precisamente el año de su muerte. De hecho, en la Biblioteca Municipal de Leipzig se conservan antiguos legajos que contienen listas de exequias realizadas en el siglo XVIII. En una de esas listas se informa que “…Un hombre de sesenta y siete años, el señor Johann Sebastian Bach, Kapellmeister y Kantor en la escuela de la Iglesia de Santo Tomás, fue enterrado el día 30 de julio de 1750”.

Sabemos que tras su muerte, el Kapellmeister y Kantor de la escuela de la Iglesia de Santo Tomás y casi la totalidad de su obra (creada principalmente en alabanza del Creador) fueron olvidados por completo por casi setenta años y que, en 1829, tras ser publicada su primera biografía, Mendelssohn lo rescató para la eternidad.

Bach hizo un titipuchal de contribuciones a la historia de la música (occidental). Por un lado, dos o tres de sus hijos fueron maestros de nada más y nada menos que de un tal Wolfgang Amadeus Mozart y de otro tal de nombre Ludwig van Beethoven. Por otro lado, fijó lo que en poco tiempo llegó a ser el sistema de afinación (temperada) que se usa mundialmente hasta hoy, ya sea que se trate de la Filarmónica de Londres o del piano que te heredó tu tía y que usas para ensayar los cantitos del Coro.

Es difícil elegir la obra que más me gusta de Bach. Varias son. De momento, sin embargo, me tiene muy impresionada el arreglo que hizo Leopold Stokowski de la Toccata y fuga en re menor, BWV 565. Es una de las obras más famosas del repertorio para órgano, compuesta entre 1703 y 1707. Se ha usado (hasta el cansancio) en películas, dibujos animados, videojuegos y música popular, desde rock hasta salsa.

Aquí la tiene usted con la Royal Philharmonic Orchestra, bajo la dirección de Andrew Litton, el 14 de Agosto de 2010 en el the Royal Albert Hall, de londres: https://bit.ly/1vRDPNe.

Ahora que si lo que quiere usted es que le explote la cabeza con la pieza original, ahí la tiene: https://bit.ly/1sTO6Zl.

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