DESDE HOLANDA

Las mujeres

POR Dianeth Pérez Arreola
miércoles, 6 de marzo de 2019 · 00:00

Ya viene otra conmemoración -que no celebración- del Día de la Mujer, y los que no han entendido nada nos felicitarán, se quejarán de que no haya un Día del Hombre o usarán la palabra “feminazi” para ilustrar el nivel de entendimiento que tienen sobre la lucha por los derechos de las mujeres.

Antes no nos era permitido votar, estudiar, elegir con quien casarnos o trabajar. Ahora en lo laboral seguimos luchando por la igualdad salarial y a nivel social por no juzgar a quien decide no casarse, vivir en unión libre, amar a otra mujer, no ser madre o apoyar el derecho al aborto.

En México las mujeres ganan un 66 por ciento de los sueldos de los hombres por realizar los mismos trabajos, según un reporte del año pasado de la OCDE, que también indica que el grupo de edad entre 18 y 24 años en mujeres es el que corre más riesgo de estar desempleado, que es el rango cuando generalmente empezamos a tener hijos; un 36 por ciento en mujeres contra un 8 por ciento en hombres.

Además, seis de cada diez mexicanas han sufrido un incidente de violencia; cuatro de cada diez ha sido víctima de violencia sexual y nueve mujeres son asesinadas al día. Aunque los hombres son quienes nos violentan y nos matan, las campañas siempre van dirigidas a las mujeres: avisa dónde estás; súbete rápido al carro y fíjate que no haya nadie sospechoso; ve muy alerta si tomas un taxi o un Uber. Lo correcto sería enfocar estas campañas a recordarle a los hombres lo que está bien y lo que está mal: cuando una mujer dice no, es no; las mujeres no aprecian las bromas sexistas ni a los acosadores; golpear, violentar o matar a una mujer es el acto de un hombre enfermo y un delito.

Ojalá que a la par de los consejos de madres y padres a sus hijas sobre cómo estar alertas para evitar ser víctimas de violencia, hubiera la misma cantidad de consejos a los varones, sobre el respeto que deben tener hacia sus compañeras, amigas, novias, maestras, familiares y desconocidas, en su lenguaje y sus acciones. Es hora de dejar de educar machos, los que no tienen que recoger su plato, planchar su ropa, ayudar con los quehaceres de la casa, como muchos lo vivimos con nuestras madres y nuestras abuelas.

En estas fechas siempre recuerdo un viaje a Egipto, donde vi cómo un hombre abofeteaba a su esposa en el restaurante del hotel; donde las locales nadaban cubiertas de pies a cabeza; donde vi a una mujer sentada en el piso frente a una choza casi en medio del desierto. Mujeres que no son dueñas de su voluntad, de su vida, de su destino. Ellas hacen evidente lo que hemos avanzado en la lucha por tener voz y voto en este lado del mundo, y aunque parezca abismal la diferencia entre la vida de las mexicanas y mujeres del medio oriente, respecto a la muerte, no estamos tan lejos.

 

 

 

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